domingo, 1 de mayo de 2022

Ana y macho man

Pet won't eat
Advertencia: lenguaje malsonante, drogas, sexo, violencia, casquería ...

Un diario de Ana. El hombre que vivía con Ana. Recuerdos de mis años con Ana. Ana y macho man.

Todos son el mismo título.

En muchos sitios web hay un espacio para mujeres que han vivido un trastorno alimenticio y quieren contar su historia.

Mi historia nunca ha sido bien recibida. Recidiva. De eso se trata, que no repitas. Y solo estarán a favor de publicar tu historia si es idéntica a las otras ya publicadas. Solo se admiten historias de corte "happy ending",  tono rosado y superación sin referencias a la cabrona realidad. No vaya a ser que quien las lea recidive, caiga como nueva o más hondo porque todo el mundo sabe que hay gente recuperada pero también muerta y muriendo de esta enfermedad mental.

Yo publico mis propias neurosis. Quizá sea baneado. De la anglo-palabra BAN, suena moderno:

ban [bæn] 1 n prohibición | 2 vtr (no permitir) prohibir (persona) excluir [from, de]; (de una profesión) inhabilitar.

© Espasa Calpe, S.A.

Decimos banear teniendo prohibir, excluir. Lo que suena es idiota. Estoy hasta los pinche huevos de idioteces, de medias tintas, de según qué cosas valen y cuáles superan la dosis máxima de objetividad para convertirse en desorden a rehuir.

Soy un macho cabrío, pelo de oso, quijada cuadrada a lo Buzz Lightyear (¡¡ Año-luz !!), músculos hasta en los párpados, cadera estrecha, hombros anchos, voz profunda y ronca, ojos azules y 1,95 de altura, peso ... no. Nada de eso.

Veamos. Unos días cualesquiera, un pasado no tan lejano.

Me despierto cansado, 6 de la mañana. Pienso en la muerte. 

Eso se convierte en rutina. En ardiente y doloroso fuego rutinario abrasando lo que queda de cerebro. Las rutinas ayudan a soportar la vida, sin ellas el caos.

Me levanto cuando corresponde. Meo ese oscuro y fétido pis matutino. El agua no engorda. Expulsar agua mezclada con  otro material significa adelgazar. Algo positivo entre todo esto. Meo cansado, sentado y, esperando la última gota veo mis piernas enormes, anchas, gruesas como nunca las había visto. El corazón me palpita a 160. No puede ser ¿Veo visiones? ¿Estoy perdiendo la chaveta? Rodeo el muslo con las manos, lleno de grasa fofa. Argg.

Pesar. Cuanto mayor es el rango del objeto a pesar, menor es la exactitud de la máquina. De 100g en 100g la mía.

Hoy peso 57kg con 300g.

Dicen que mi cara da asco verla. Una cara de "normal" seria la ven ahora más alargada, ausente, comprimida, mohína.

Los 100 gramos arriba son un suspenso en el colegio. Una bronca, una mierda, un error. Algo mal hecho mientras te preguntas ... ¿qué ?

Sentir los huesos, placer: la piel sobre ellos, ausencia de grasa ... eso si que es ... el dominio de mi cuerpo. No controlo una puta mierda en mi vida pero, para bien o mal, eso si. Para mal.

Tengo dolor en los testes y lo alivio desganado en sexo conmigo mismo ¿Adelgazará eso también? No conozco el peso de los residuos en la orina ni el de los espermatozoides en salsa tártara pero  entre poco e ínfimo a buen seguro. Repugnante, ya lo advertí.

Ejercicio. Flexiones, tablas de ejercicio originales diseño Fermín. Ni puñetera idea de cual será óptimo para quemar grasa, no voy a correr. Cardio no. Buscar escondite para hacer ejercicio debe bastar para intuir que necesitas ayuda, pero no.

Trabajo. Hago mi trabajo. Entrego los productos siempre subiendo y bajando las escaleras de todos los edificios. Me mareo. Sudor frío. Temblores. Visión doble. O triple porque ya veo hasta por el ojo del culo. Alimentarme quita el mareo. Qué desgracia la mía.

Farmacia1. Siempre la misma con la misma báscula. Peso un poco menos. La farmacéutica me mira como a tostón rehogado en locuras. 25 céntimos cada pesadilla.

Farmacia2. ¿Puede usted medirme la glucosa? Por más de 1€ tengo 40. Acabo de tomar unas gominolas. ¿Influye eso? Qué caro sale aprender.

El cinturón quiere darme la vuelta, lo taladro. El pantalón hace arrugas en la cintura si lo aprieto y cae a mis pies de lo contrario. Me compran tallas de menos. La 40, ¿luego la 36 ...? Debo disimular brazos y piernas con ropa suelta. No sé comprarla, no quiero comprar ropa, un suplicio más que aplico a mi esposa.

Subo y bajo las escaleras. Si, otra vez, pero más. En todas partes las hay y siempre contemplo la opción de suicidio si hay hueco o barandilla que saltar. No se trata de eso. Adelgazar es la misión. Lo otro llegará por si mismo. Debería notar que algo no anda bien el la cocorota, pero no.

Recoger a la niña. Salgo de la furgoneta. Me mareo. Sudor frío, temblores, visión doble. Mucha gente. Mucho sol. Mucho ruido. Agobio. Mucho agobio. Escapar. Cruzar la carretera y pasar a las sombras de enfrente ... ¡¡¡ZUM!!! ... una furgoneta a 70 por hora pasa a 2 centímetros de mi. Zarandeado por el viento, sin tiempo para sentir el susto de lo que pudo suceder. Aplastado. Imagino el barullo si hubiera salido un segundo antes, sin mirar. Gente al rededor de mi cuerpo reventado. Mi hija buscando a su padre. Encontrándolo moribundo. 

Imagina. Siempre imagina.

Imaginar podría salvarte esa vida que no sabes apreciar ni disfrutar. Siendo adolescente me salvó imaginar la sangre salpicándolo todo, antes de cortar por lo insano, escandalosa. Me vi caer mareado, frío contra cálidos pulsos de sangre espesa por los baldosines. Una película más. Los ojos reventados de llorar y odiar a mi padre porque me llamó loco. Y me pegó, si, pero se cansó demasiado pronto (!) viendo que aceptaba sumiso los golpes con la cabeza agachada y prefirió  matarme borrando el rastro de autoestima restante al rebautizarme gritando mi verdadero nombre: "loco de remate".

Nada nuevo salvo que ahora sabía que era verdad, repitiendo loco, loco, loco hasta llenar el tanque. El dolor fue insoportable y desesperado llegas a veces hasta el suicidio. Pero la intensidad vital de la adolescencia no alcanzó para anular la imaginación y abrir venas. Lástima. 

Pensándolo mejor no sé si lo que hice fue imaginar o la costumbre de intentar anticiparlo todo. De buscar todas las posibilidades y cada posible problema, todo cuanto pueda salir mal. Una costumbre que no aplico de forma lógica. Loco.

Vuelvo sediento a casa, derecho a la jarra del agua ... no. Antes cierro la puerta del baño en plan "báscula, tú y yo tenemos algo pendiente". Fuera toda la ropa, calzoncillos, reloj, calcetines, una gota de saliva, todo lo susceptible de sumar un gramo. Esa milésima del kilo marca la diferencia digital entre 100 de más o menos. Luego puedo saciar la sed. Debería saber que estoy muy mal si controlo mi peso siete veces el mismo día, pero no.

Pasan los meses. Algún día vomito lo devorado, repulsivo, fuego en la garganta, pestilencia, restos de amalgama en los sanitarios.

El especialista jefe de endocrinología me amenaza con tres días de ayuno vigilado si continúo diciendo que mis glucemias son hipoglucemias. Me río por dentro. Todo el mundo ríe. El de cabecera también y se negó a recetar un glucómetro: "usa el de tu madre o tu suegra". Esto no tiene maldita la gracia.

Hoy peso 52. Al entrar en el hospital pesaba más. Unos 54, creo. La operación de páncreas fue un éxito: adiós insulinoma, chao glucemias de 22 en rango mortal. Si todos los caminos conducen a Roma los de la vida conducen a la muerte todos.

Conseguí reemplazar la incontrolable espiral de emociones de mi equivocado auto diagnóstico mental bajo un trastorno alimenticio que pudo costarme la vida en combinación con un tumor endocrino. A ratos sofocaba los sudores de la muerte con violentas agresiones físicas sobre los despojos del ya maltrecho esqueleto.

De esta guisa conocí a quien sería mi psiquiatra. El tipo estaba dispuesto a ingresarme incluso contra mi voluntad. Fue él quien me inició en las drogas. Con ellas me calmé de a pocos. Me robaron la parte obsesiva. Tanto tirarme en cara mi larga vida de éxitos para terminar recetando venlafaxina de por vida. 

TIP: no se retiren ustedes mismos esos medicamentos y acudan a su área de salud mental cuando reciban el alta, si se lo recomiendan. Quiero dejar esto claro. 

Ya peso 64 y la grasa campa a sus anchas. Puedo echar al coleto lo que me apetece. Siempre me gustaron mucho dulces y cosas ricas, igual que al resto. Tengo tiempo para otras cosas y no vivo dentro de aquella insana obsesión. No tengo ni pajolera idea de cómo pude caer a plomo en ella.

La vida me castiga de nuevo por odiarme a nivel celular y me regala varias enfermedades autoinmunes. La celiaquía reduce mi dieta. Y falta descubrir qué son esos dolores en todo el cuerpo. Porqué se me duermen, queman y duelen las extremidades, el cuello, la espalda ... será otro castigo por las autolesiones.

No publiquen esto en ninguna parte. No doy mi permiso, mira tú por donde. 
Thin made beauty sad

jueves, 7 de abril de 2022

Hugo Stiglitz

 


En mi pausa del bocadillo ...

He mirado al cielo mientras comía una manzana con el sello Envy, "envidia". Como de manera compulsiva, como si fuera a perder el bus. Tanto que me hago daño en las encías. Un anoréxico no recidivo que come como un cosaco bebe Vodka.

No siempre le doy a mi cuerpo lo que pide cuando lo pide.

Me quedan un par de días para abandonar mi casa y volver al trabajo. Dos años parado. Quizá vuelva por seis meses y luego me pongan de piernas en la calle, quien sabe.

Desde iniciado abril de 2022 he vuelto al trabajo de manera remota por unos días antes de ser presencial.

En casa sin ruidos obtengo espacio para la mente y este cuerpecito mío que se ha convertido en río (qué mas quisiera).

Ese azul del cielo sobre las tejas, tan hermoso, reuniendo en amor dos aves pegas o pica pica sobre un receptáculo de ondas herzianas.


Quizo el azar poner un pájaro de metal al encuentro virtual de esta pareja con pluma. Dice google que escribí mal pero ... qué sabrá un programa de cosas humanas.

Empiezo con la idea de obtener ese azul (¿ azul sobre amarillo ?) desde el móvil sin más complicaciones: imposible. 

Al activarlo, whatsapp de mi esposa "Fermín saca pan del congelador". Respondo "De acuerdo, esposa". Obedecida la orden me pregunto porqué escribió mi nombre. Se sale de lo común ponerlo. Encuentro el pan pero no respuesta. Lo descongelo un poco al micro-ondas y preparo la mesa a las 12:00 para comer.

Demasiado pronto, lo sé, pero mejor ahora que soy consciente de los peligros. Si lo dejo podría no tener puesta la mesa cuando aparezca ella a las dos y media

Estar en casa me da tranquilidad, tiempo y espacio para pensar pero no el conocimiento de un maduro responsable.

Hugo Stiglitz mientras dispongo cuchillos en el mantel. Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz una y otra vez Hugo Stiglitz.

Miro al cielo desde esta ventana, el pan en la mano. Me pican los ojos, parpadeo. 

Una repetición sin sentido. Cosas que no comprendo. De pronto llega este flashback:

Estoy mirando la hora de llegada del bus4 en el móvil, detenido al borde del paso de cebra mientras otros lo cruzan. Alguien se detiene frente a mi y dice:

Hola.

¿Quién eres?pregunto sin levantar la vista de la aplicación que informa sobre la llegada del bus-10.

Mírame y lo sabrásostras, es cierto. Miro. Es María.

Hola, María Magán Maganto.

Este es mi novioostras, si. Hay un chico con ella.

Hola, novio de María Magán.

María resume la esencia de la inteligencia y el encanto,  una hermosura y serenidad inalterables pero ... no recuerdo la cara o el nombre del novio. Ni recuerdo mucho más, llegaba el bus. Fui a la parada-10, volví a la parada-4 ... arggg.

Fin del flashback. Estoy como una chota.

Hugo se marcha un poco así que en lugar del móvil decido usar la cámara Nikon Coolpix P600 que me regaló mi sobrina. 

Mi sobrina dice que está como una chota pero NO nos viene de familia. Compartimos el mismo TCA pero ella está en una rama genética, yo en otra. Solo ella puede decir que está como una chota: no se lo consiente a nadie más, bien que hace. No se va a callar y te puede partir la cara si te atreves. Kárate.

Extraigo la bolsa de la cámara de una de plástico de los corteses ingleses. Aparto el saco de bolas antihumedad y saco la máquina de su bolsa de transporte. Quito la tapa. Hago la foto que viste. No sin más. No sin mil ángulos, inclinaciones, zoomes adentro y afuera.

Un cielo tan hermoso ... y todas esas personas de Ucrania que no pueden distinguirlo, que no pueden probar esta manzana diseñada para embargar los sentidos, que no tienen una casa donde sentir el tiempo o la paz ... sin un trabajo al que regresar.

No sé qué significado tiene que Hugo Stiglitz se pusiera en la boca de mi mente a dar vueltas sin parar.

Cómo me gustaría colarlo en el búnker donde se esconden los malditos bastardos de la guerra.


On my snack break ...

I looked up at the sky while eating an apple stamped "Envy". I eat compulsively, as if I'm going to miss the bus. So much that I hurt my gums. A non-relapsing anorexic who eats like a cossack drinks Vodka.

I'm a couple of days away from leaving home and going back to work. Two years out of work. Maybe I'll be back for six months and then I'll be kicked to the curb, who knows.

I don't always give my body what it asks for when it asks for it.

Since the beginning of April 2022 I have returned to work remotely for a few days before being face-to-face.

At home without noise I get space for my mind and this little body of mine that has become a river (what else would I want).

That blue of the sky above the tiles, so beautiful, bringing together in love two pica pica birds on a receptacle of herzian waves.

Chanze wanted to put a metal bird at the virtual meeting of this feathered couple. Google says I spelt it wrong but ... what does a programme know about human things?

I start with the idea of getting that blue (blue on yellow ?) from the mobile without further complications: impossible. 

When I activate it, whatsapp from my wife "Fermín take bread out of the freezer". I reply "OK, wife". Having obeyed the order, I wonder why she wrote my name. It's out of the ordinary to put it. I find the bread but no answer. I defrost it a little in the microwave and prepare the table at 12:00 for lunch.

Too early, I know, but better now that I'm aware of the dangers. If I leave it I might not have the table set when she turns up at half past two. 

Being at home gives me peace and quiet, time and space to think but not the knowledge of a responsible mature man.

Hugo Stiglitz as I lay out knives on the tablecloth. Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz, Hugo Stiglitz again and again Hugo Stiglitz.

I look at the sky from this window, bread in my hand. My eyes itch, I blink. 

A meaningless repetition. Things I don't understand. Suddenly this flashback comes:

I'm looking at the arrival time of the bus4 on my mobile, stopped at the edge of the zebra crossing while others cross it. Someone stops in front of me and says:

-Hello.

-Who are you?" I ask without looking up from the application that informs me about the arrival of bus 10.

-Look at me and you'll know," she says, "Oh, yeah, that's right. I look. It's María.

-Hi, María Magán Maganto.

-This is my boyfriend. -Yes, yes. There's a boy with her.

-Hello, María Magán's boyfriend.

María sums up the essence of intelligence and charm, an unalterable beauty and serenity but ... I don't remember the face or the name of the boyfriend. Nor do I remember much else, the bus was arriving. I went to stop 10, returned to stop 4... arggg.

End of flashback. I'm like a dick.

Hugo leaves for a while so instead of my mobile I decide to use the Nikon Coolpix P600 camera that my niece gave me. 

My niece says that she's like a dick but it doesn't run in the family. We share the same TCA but she is on one genetic branch, I am on another. Only she can say that she's like a cunt: she doesn't spoil it for anyone else, she's good at it. She won't shut up and can kick your face in if you dare. Karate.

I take the camera bag out of one of the "El corte inglés" plastic bag. I put aside the bag of damp-proof balls and take the machine out of its carrying bag. I remove the lid. I take the picture you saw. Not without complication. Not without a thousand angles, tilts, zooms in and out.

Such a beautiful sky ... and all those people in Ukraine who can't make it out, who can't taste this apple designed to overwhelm the senses, who have no home to feel time or peace ... without a job to return to.

I don't know what it means that Hugo Stiglitz was put in the mouth of my mind to go round and round in circles.

How I would like to sneak him into the bunker where the damned bastards of war hide.

*** Translated with www.DeepL.com/Translator (free version) ***

viernes, 1 de abril de 2022

Insignificante insecto

«Pues hasta ahora no perdura en nosotros la infancia, sino un defecto mayor, la mentalidad infantil. Y es esto aún peor, por cuando poseemos el ascendiente de los viejos, pero los vicios de los muchachos, y no tanto de los muchachos, cuanto de los niños: aquéllos temen las cosas insignificantes, éstos las imaginarias; nosotros las unas y las otras» Séneca me define

No hay que ser un genio para saber de la importancia de los insectos en el equilibrio natural así que no necesito explicarlo.

Cuántos de esos insectos son prescindibles es otra cuestión. De la misma forma que una variedad equilibrada es beneficiosa una plaga de cualquiera será un problema grande.

¿Cuántas abejas son necesarias para garantizar su población futura? Ni idea pero es seguro que a partir de una determinada cantidad todas las especies se dirigen a su extinción. Y da lo mismo hablar de insectos que de gaviotas, ballenas, pinos o vacas. A partir de la muerte de uno cualquiera de sus individuos la especie se inclina hacia su extinción.

Odio los insectos. No en el sentido puro del odio. Me dan igual siempre que no estén demasiado arrimados a mi cuerpo o mente demente (me gustan las rimas tontas y los bombones pero no ser tonto aunque si tontos son los que hacen tonterías  seré uno de primera). 

En mi anterior pantalla de ordenador hay un mosquito pequeño. Para siempre jamás de lo eterno y misterioso. Está ahí por un defecto de visión. A partir de cierta hora los diminutos mosquitos ...

Quizá odie los insectos pero no quiera reconocerlo. Es que acabo de buscarlos en inter-google para ponerles un nombre y casi me pongo más enfermo de lo habitual viendo la cantidad de ellos que hay y los tamaños de sus larvas, sus actividades chupópteras y envenenadoras o putrefactoras.

Decía que cuando empieza a oscurecer las ventanas dejan de resultarles atractivas y empiezan a merodear mi pantalla luminosa. A más de uno lo aplasto suave contra ella para no romperla. Aplaudir a lo bestia sobre ellos no sirve siempre, espacan de alguna manera. 

El caso es que sobre mi antigua pantalla de 17" con relación de aspecto 4:3 y marca LG había uno de esos mínimos seres paseando. Y le comprendo . . . (¿es LO?, yo suspendía también en lengua y literatura) . . . comprendo que la luz para ellos sea como una peonza u objeto similar girando, manteniendo el equilibrio. Pues no habré convertido cosas en objetos que giran: quitando una rueda del eje de un choquecito y haciéndolo sobresalir por la otra rueda, clavando un bolígrafo en medio de un disco de vinilo ... 

Decidí que su vida no valía nada y lo aplasté suave contra la pantalla. ¿Criminal? Psché, pues quizá. Pero no estaba sobre la pantalla sino que se había colado por las ranuras de ventilación y buscó la forma de llegar al origen de esa luz.

¿Sabías que los monitores de ordenador de antes tienen unos mini tubos fluorescentes (de cátodo frío) que funcionan a 1140 voltios (p.ej.)? Son asombrosos ... los tubos, digo. Da una cosa tener uno en la manoooo ... uf. Parece que se va a quebrar en cualquier momento. Dan una luz increíble. Dos milímetros DE DIÁMETRO. Fue desmontar mi primera pantalla plana y no parar de desmontarlas para sacar sus piezas. Tienen también unas láminas polarizadas asombrosas que orientan la imagen, una capa de plástico difusora para extender por igual la luz que recoge de los lados ... bueno, callo.


Entonces el mosquito estaba entre la lámina exterior transparente (no es transparente en realidad pero a distancia cero lo parece) y otra lámina que hay debajo. Y lo dejé ahí para siempre aplastao. No iba a desmontar la pantalla que luego no es nada fácil volverla a cerrar perfecta. 

Ahí se quedó para recordarme mis crímenes.

Si.

Su vida me pareció insignificante, baladí, fútil, desestimable, desdeñable, exigua, ínfima, reducida, insustancial, inapreciable, chica, mínima, pequeña. Una completa nimiedad, una menudencia sin objeto, tanto como una chuchería, una nadería innombrable, la trivialidad más inopinable, la zarandaja menos consecuente, la bagatela de cualquier baratillo, una fruslería sin fortuna.

Es por eso que odio, sin odiar, a los insectos. 

No por el escaso significado de la vida de uno de ellos sino por sentirme como un insecto unitario, sin valor, ignorable e ignorado, aplastable sin repercusión en el mañana.

Eso es lo que odio de los bichos: sentirme como un insecto insignificante.

martes, 1 de marzo de 2022

Paco&Emi: El milagro

Fotografía de la biblioteca nacional de España

Me ha contado Paco una pequeña historia de la guerra civil española.

Emi va a una casa un par de horas por semana para ayudar a una pareja de personas mayores que agradecen su trabajo y lo recompensan de forma generosa. Tienen una mujer "de toda la vida" que les hace las tareas pero también es algo mayor y necesita una ayuda extra. Por eso va Emi. Plancha, limpia, se sube a las escaleras para quitar y lavar unas cortinas que se lavaron hace poco pero relimpiar gusta más que acumular suciedad. Ha sido su primer día y viene super-contenta.

—Lo que en la vida me ha pasado, Paco. Por fin alguien que me trata con respeto.

—¿Pues?

—Mira. No me lo puedo creer. Además de pagarme por hora más no ha querido el euro de cambio y su marido se ha ofrecido para comprarme una caja de fresas. Claro, le he dicho que no. Cómo voy a cargar con la caja, la bosa de la ropa, la compra y meterme en el autobús hasta arriba a esas horas.

—Claro. Bueno. Ya te iba tocando tener algo de suerte.

—Pues si hijo, porque se dice bien. Y además no veas tú qué risas. Ella me recuerda un poco mi tía Araceli. Tiene unos golpes ...

—¿Qué ... ? Emi interrumpe. A Paco no le da tiempo a componer la pregunta:

—¿Sabías que en estas fechas los periódicos siempre publican  una antigua historia?

—¿Y qué fechas son estas?

—Pues nada, un 21 de enero, cuando la guerra civil, los republicanos bombardearon la ciudad y justo había venido la madre de esta mujer desde el pueblo, embarazada de ella, para dar a luz. Una de la las bombas destruyó su casa y otras pero entre los escombros la recuperaron a ella con vida. Tres días podía tener.

—Ah, qué suerte tuvo.—aquél día murieron 8 personas en el acto y otras 4 en días siguientes.

—Pero lo mejor es que en el periódico se ponen a inventar cuentos y ella se pone negra porque publican por ejemplo que un cura la bautizó "Milagros" (cuando se llama Milagro) y en realidad la bautizaron de vuelta al pueblo.

—Fieles a la historia algunos periodistas.

Fotografía de la biblioteca nacional de España

—Bueh. Y publican del churrero "que prefería morirse en casa" bajo las bombas, "ya ves tú" me dice la mujerita "que le cayó la bomba encima y no pudo elegir. Se inventan cada cosa ..."

—Ja. Ya te digo. Vaya idiotez.

—Bueno. Como lo de que un exaltado les pidió que salieran a la calle gritando y manifestándose a favor de los franquistas. Como nada más natural les mandaron a cagar. Para tonterías estaban después de que los otros destruyeran la casa. Y además hubo pillaje. Tenían muchas cosas de valor y les robaron todo. Y bueno, que su padre era republicano y estuvo incluso en la cárcel ...

—Si es que ...

—Pues como no quisieron ir les increparon y les dijeron que eran unos monstruos.

—El nivel de raciocinio no ha mejorado demasiado desde entonces entre esa gente.

—Y otra cosa que se inventan es que la entonces niña rescatada con vida, se casó con un tal Angoso, médico ¡ Pero la casada con Angoso es su hermana tres años menor, que ni siquiera había nacido cuando la bomba ! Y dice riéndose de mala gana: "Será porque como él es médico famoso ..."

-Anda que ... vaya tela.

Fotografía de la biblioteca nacional de España

Bonus: ¿Es solo cosa mía o alguien más lee "Cabrones de todas clases" en lugar de "Carbones"?


martes, 1 de febrero de 2022

El torrente sagrado

Torrente en medio de una iglesia

La iglesia de mi colegio salesiano tenía tres puertas de acceso. La primera, de carácter mundano, la encontraba cuando iba desde mi casa. Sin embargo, cuando tenía alguna peseta para gastar en el kiosko, accedía al colegio por la puerta principal, la de los domingos y festivos con la enorme ventaja de no tener que circular entre culos adultos. 

A mucha gente le desagrada estar entre mucha otra gente pero se obligan a tragarlo como jarabe medicinal por si logran la curación en esa terapia de choque.

La puerta principal está en la calle que lleva el nombre de su virgen, Auxiliadora. Esa es otra de las cosas que jamás he podido comprender. Si solo hubo una virgen y se llamaba María, porqué se rinde culto a la del Pilar o la de las Nieves. 

Siempre me ha parecido que cuando los hombres inventaban  su coronilla era iluminada por la santidad pero cuando lo hacían las mujeres eran alumbradas por brasas a sus pies.

Tan importantes son los nombres para los devotos que, muchos años después de lo que voy a contar, el Corte Inglés exigió como premisa para abrir su negocio prolongar el nombre de Auxiliadora cientos de metros hasta su futuro solar, obligando a miles de ciudadanos a cambiar de dirección y número de piso. Desde luego estos ideólogos debieron quedar calvos por completo mientras eran iluminados.

Si. Mi relato comienza con una peseta caliente en la mano camino del gigantesco kiosko de hierro pintado de azul. Ahora sé que era un calabozo diminuto, un horno en verano y un frigorífico en invierno, pero entonces admiraba la vida de kioskero. Siempre rodeado de apetitosas golosinas gritando "¡ cómeme ! !¡ cómeme a mi también ! ¡ no, nooo, a mi primeroooo !".

El hombre llevaba siempre gorra y me planté delante de su ventanilla. Tenía la misma forma ojival que la puerta principal de la iglesia y ambos lugares estaban rellenos de cosas buenas. Abrió y, cuando parte de aquel aroma empezó a salir, surgieron mil dudas. Había otro kiosko unos metros más allá pero prefería este porque el hombre no me regañaba nunca mientras deliraba para elegir dulce: "El bazokaaaa, son tres pisos. No me llega con una peseta. Compraré los caramelos snipe de nata, que me dan 8."


Crucé la calle de santo nombre para entrar al colegio atravesando la iglesia. La tercera puerta comunica con un pasillo del colegio y nada más entrar en él dispone de escaleras a la izquierda que conducen a aulas y patio. Esa era mi ruta de atajo.

Como tantas iglesias, esta tiene dos bancadas, pasillos laterales y el glorioso pasillo central. Siempre he tenido mucho respeto por este pasillo. Me parecía que ahí cruzaba un torrente divino dotado con la gracia de Dios (¿gracia?) porque todas las personas se arrodillaban y agachaban la cabeza de cara al altar si se atrevían a atravesarlo.

No sé qué suerte de felicidad me invadía aquel día con los caramelos en la mano que me apeteció jugar a la orilla del torrente. Hice amagos de cruzar con una suerte de baile primigenio a lo Michael Jackson, con saltitos que simulaban pasos al borde mismo de aquellas baldosa divinas del pasillo central que por otra parte eran idénticas a las demás.

De pronto recibí un fuerte gaznatazo en la nuca que me hundió de bruces en aquel mi sacrosanto arroyo. Mis caramelos de Nata Adams esparcidos rio abajo. 

Salido de algún rincón oscuro sin ser visto, un sacerdote dentro de un pobre jersey incapaz de abarcar tripas del octavo mes de embarazo, esperaba como guardia civil bajo un puente para pillarme en medio de ese acto perverso y delincuente, tan propio de vagos, que era aquel atajo mío. La mala suerte me encomendó interpretar aquella danza diabólica y lo que iba a ser una pequeña reprimenda se convirtió en otra cosa.

—Fermín. Es usted un majadero. Aquí se viene a rezar, no a hacer tonterías. Como vuelva a verlo atravesar la iglesia para entrar al colegio se va a enterar de lo que es bueno.

Miré su boca. Labios finos, apretados. Don Felipe. Un piel-roja ataviado en negros con el alzacuello blanco y adalid de frases  célebres: "Te va a pillar el toro" o "Se recoge lo que se siembra". Frases anodinas, insulsas para rumiar en boca de jóvenes y críos. Un claro bolo a vomitar.

Los curas deberían vestir túnica blanca. Tonos que aclarasen sus mentes, colores que hicieran llevaderas esas vida tan privadas de placeres, tan tristes como para transfigurar sus padecimientos en goces que ofrecer a Cristo. Y Cristo, que nunca se puso ropa carbón, dijo:

—Ya me disteis suficiente padecimiento siendo carne. Os agradecería en adelante algo más de bondad, paciencia, lógica y esperanza. Respeto. Cariño ahora que soy alma.

Yo era un chico inteligente y sabía que rodeado de la pureza, ante el altar, gozaba de protección divina así que respondí con el ánimo contusionado mientras me volvía a repescar mis pequeños pecados de nata:

Aquí se viene a rezar, no a pegarme.

Y no cabe duda que aquel era un lugar especial, privilegiado en medio del templo de Dios, porque comencé a elevarme en el aire alejándome de mis caramelitos plateados de dulce aroma a la vez que sentía un intenso dolor y tirantez en la oreja derecha. 

El malvado Felipe tacatún, más rojo que un salmón noruego,  poseedor de prismáticos potentes con los que en otro lance nuestro dijo observarme, farfullaba o ... más bien adivinaba mi futuro mientras me arrastraba hacia la puerta principal. Allí soltó su presa y me volví para ver en su boca el mismo gesto de dientes apretados que mostraba mi padre cuando me pegaba y llamaba loco del demonio.

Mi pequeña oreja seguía allí, acalorada, quizá igual de roja que aquellas caras furiosas que provocaba con mis fabulosas ideas rápidas. Aprendí a responder con lentitud. Bueno. En realidad he disfrutado y disfruto de una lentitud innata fuera de la cual cometo grandes errores como puede constatarse.

Todos los cristianos compartimos la protección infalible de un Padre omnipotente. Algunos, los de más suerte, disfrutamos la educación sucedánea de padres sacerdote y madres monja. Algunos incluso conservamos padres naturales hasta la edad adulta que nos ayudan a sentir bien (jodidos o no) el resto de la vida.

Todavía me pregunto si Don Felipe cosechó y comió mis galgadas aderezadas con sus inconsistentes perlas de sabiduría. Si recibió premio o castigo por desatar su justicia con violencia en presencia de Dios.  Si había equilibrio entre la carne que comía delante del altar y la sangre que bebía detrás.

viernes, 7 de enero de 2022

Mi jockey


     Me gusta trabajar en Urgencias, por lo menos ahí se conocen hombres. Hombres de verdad, héroes. Bomberos y jockeys. Siempre vienen a las salas de urgencias. Las radiografías de los jinetes son alucinantes. Se rompen huesos constantemente, pero se vendan y corren la siguiente carrera. Sus esqueletos parecen árboles, parecen brontosaurios reconstruidos. Radiografías de San Sebastián.

       Suelo atenderlos yo, porque hablo español y la mayoría son mexicanos. Mi primer jockey fue Muñoz. Dios. Me paso el día desvistiendo a la gente y no es para tanto, apenas tardo unos segundos. Muñoz estaba allí tumbado, inconsciente, un dios azteca en miniatura, pero con aquella ropa tan complicada fue como ejecutar un elaborado ritual. Exasperante, porque no se acababa nunca, como cuando Mishima tarda tres páginas en quitarle el kimono a la dama. La camisa de raso morada tenía muchos botones a lo largo del hombro y en los puños que rodeaban sus finas muñecas; los pantalones estaban sujetos con intrincados lazos, nudos precolombinos. Sus botas olían a estiércol y sudor, pero eran tan blandas y delicadas como las de Cenicienta. Entretanto él dormía, un príncipe encantado.

       Empezó a llamar a su madre incluso antes de despertarse. No solo me agarró de la mano como algunos pacientes hacen, sino que se colgó de mi cuello, sollozanzo "¡Mamacita, mamacita!". La única forma de que consintiera  que el doctor Johnson lo examinara fue acunándolo en mis brazos como a un bebé. Era pequeño como un niño, pero fuerte, musculoso. Un hombre en mi regazo. ¿Un hombre de ensueño? ¿Un bebé de ensueño?

       El doctor Johnson me pasaba una toalla húmeda por la frente mientras yo traducía. La clavícula estaba fracturada, había al menos tres costillas rotas, probablemente una conmoción cerebral. No, dijo Muñoz. Debía correr en las carreras del día siguiente. Llévelo a Rayos X, dijo el doctor Johnson. Puesto que no quiso tumbarse en la camilla, lo llevé en brazos por el pasillo, estilo King Kong. Muñoz sollozaba, aterrorizado; sus lágrimas me mojaban el pecho.

       Esperamos en la sala oscura al técnico de Rayos X. Lo tranquilicé igual que habría hecho con un caballo. "Cálmate, lindo, cálmate. Despacio... despacio." Se aquietó en mis brazos, resoplaba y roncaba suavemente. Acaricié su espalda tersa. Se estremeció, lustrosa como el lomo de un potro soberbio. Fue maravilloso.

Relato original de Lucía Berlín.
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Cuántas personas intercambian los papeles del género establecido. A diario. Sin más.

Y cuánto sería de agradecer que suceda siempre entre personas inteligentes, racionales, sin miradas inquisidoras, sin reproches, sin burlas. Por el trabajo bien hecho, por una actitud que no necesita elogios.

Mi anterior libro fue "Instrumental", de James Rhodes. Regalo de esta compañera de blog. Una luciérnaga curiosa.

No conocía a Lucía Berlín hasta estas navidades. Mi hija en esta ocasión portaba el libro "Manual para mujeres de la limpieza", una recopilación de relatos suyos.

Tallada sobre una piedra en la portada se lee:

"En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados."

sábado, 1 de enero de 2022

Navidades diversas



Los del grupo zueco alubia, o Abba, han resultado ser amantes de la perfección y han renderizado algunos de sus videos con un programa que analiza y mejora sensiblemente la calidad de aquellas sus joyas del pasado.

Ayer he visto un vídeo suyo, una nueva canción de ABBA dedicada por primera vez a la fiesta de la navidad. Por suerte no me pareció la clásica sonata apestosa de cascabeles repicando aunque algo de eso tenga.

La música en si misma no me agitó. Lo que si me llegó fue el video. Dos chavales sentados frente al televisor miran aburridos sus móviles. De pronto ven en la pantalla que ABBA va a virtualizarse y se les ocurre la idea de montar una actuación con canciones del grupo y recaudar de paso fondos con fines caritativos. Forman un buen grupo de 15 o más con otras chavalas y niños.

Quería encontrar mi sitio en ese grupo. Con quién identificarme y quién de ellas preferiría ser en lugar de ser yo. O de ellos.

Pronto supe que me encantaría encarnar la niña que lleva la pelliza con un bolsito rosa, utiliza la máquina de coser, hace lo arreglos en la ropa pero muy sobre todo esto porque parece tener vida propia al margen del guion. 

Si me pagan para ser sincero más bien sería el nene que tuvo la idea de hacer el show pero no me veo en medio de todas las demás criaturas trabajando en grupo. Me bastaría con dar la idea y participar poniendo pegas a todos los detalles.

Si me pagan una cantidad indecente de dinero para una sinceridad total me gustaría estar  entre ellos revoloteando, mirando, observando y desapareciendo de pronto sin que nadie se diera cuenta.

Abba ha incluido en este vídeo ojos con lentes y sin lentes, diversas razas, diversas edades, diversidad de formas ... y se olvidaron de los seres diversos.

Bien.

Nadie es perfecto. Ni siquiera en 4k.