miércoles, 14 de diciembre de 2016

Desencuentros y Soledades

“Una corta infancia solitaria y triste, seguida de un largo período de terrible enfermedad me acabaron proporcionando una energía creativa ilimitada. ¿Merecieron, pues, la pena? En la vida no podemos establecer distinciones: mis alegrías y mis aflicciones me pertenecen por igual, y todo lo que me pertenece lo puedo utilizar en mis creaciones” Jimmy Liao

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Esta frase... ¿cuántos de nosotros podríamos aplicárnosla?
Muchos.
Algunos son capaces de reflejar la luz y la oscuridad de su interior en preciosos dibujos como los de Jimmy Liao.
Otros son capaces de garabatear hermosas letras para mostrar lo que llevan dentro.
Pocos desprenden calidez en su mirada, su voz, su gesto amigo hasta el punto en que entre los demás algunos lo perciben y pueden disfrutarlo y otros no.
Y yo no sé qué lleva dentro toda esa gente.
Yo no tengo ni idea de cómo sienten las cosas esas personas tan bellas.
Nadie está libre de su pasado.
Ni los malvados, pero no es por culpa de sus vivencias que son nefandos.
("adj. Indigno, de quien no se puede hablar sin repugnancia u horror")
Yo me quiero quedar con la gente buena, alegre y positiva.
Sin embargo busco curiosamente a los que sufren.
De ellos parece que aprendo su dolor.
Soy un vampiro emocional.
Estoy lívido.
Necesito robar la energía vital de los demás.
Entre ellos los hay de naturaleza fuerte y no consigo arrebatarles nada.
Y los hay muy listos y rápidamente se apartan de mí.
Y algunos se enfadan conmigo y entonces me doy cuenta de mi error.
Equivocarme contínuamente es parte de mi estúpida naturaleza.
Descansar, quiero decir, morir, es el pensamiento que más me ocupa en demasiados momentos a lo largo del día.
Vivir cansa.
Cansa cada segundo de cada minuto de cada hora todos los días y meses durante años.
Ser así cansa a quienes nos rodean y a quienes nos aman.
Así es como el amor termina. Como la amistad termina.
A mi me cansa la gente vital.
Cuando estoy alegre y vital, canso con mis tonterías también.

También hay ratos de vacío. Sin alegría ni padecimiento.
También hay momentos de risa, de sano existir, de sano alimentarse y olvidar la anorexia pero parece que el sustrato principal es lo otro.
Soy el tío capas, el máscaras y el cebollón de copas de la baraja emotiva.

Jimmy es un tipo estupendo. Los dibujos son algo infantiles quizá, pero me gustan mucho sus colores. Sus libros están bien.
Mira esto si te gustó lo de Jimmy:
http://muhimu.es/cultura-entretenimiento/jimmy-liao/

martes, 1 de noviembre de 2016

El hombre de las cien cajas

The man of a hundred boxes.

"Das poco cuando das tus posesiones. Es cuando das de ti mismo cuando realmente das." Khalil Gibrán

Había un hombre que tenía un montón de cajas. ¿Cien? No lo sé. Sus cajas eran todas y cada una muy especiales al menos para él.

En una de ellas con forma plana, de los puros habanos que fumaba su padre  los días de fútbol, tenía guardadas las fotos antiguas. Allí estaban en blanco y negro sus padres y hermanos risueños y su abuelos de gesto serio. En colores algo antiguos también encontrabas algunas fotos donde faltaba algún abuelo. Imágenes de campo, de almuerzos y meriendas, de paseo y vacaciones, de cumpleaños... de familia. Y no se reconocía o no quería reconocerse en aquellas fotos donde su pequeño yo miraba al infinito y al lugar donde no hay nadie contigo, fotos que delataban su verdadero ser como futuro amante de lo triste, lo insociable y lo solitario.



Tenía una caja de membrillo la milagrosa, de latón corriente algo oxidado con muchas cartas igual de oxidadas. Algunas de amigos adolescentes que decían un sin fin de tonterías pero que en su momento fueron importantes, como cuando tal pretendía ligar con cual sin tener en cuenta al amigo ausente. Hojas y hojas en sobres amarillos y blancos de tamaño cuartilla con el sello del rey que contaban el día a día de una adolescencia corriente. Y una postal de "no-te-quiero-pero-me-caes-bien" con la foto de un burro con gafas que le hacía mucha gracia y otras con playas de recuerdo sobre las vacaciones ajenas de amigos. No le gustaba haber sido el destinatario de ese correo. Hubiera preferido ser un tipo diferente. Haber recibido emocionantes cartas de chicas muy interesantes con las que compartir idearios y discutir películas, libros y músicas entre pasionales besos y despedidas de rompe y rasga al filo de un puerto con olor a mar y junto a un barco partiendo con rumbo al lejano oriente. Ay... tontito, cuánta película.


Otra caja se la cogió a su hermano mayor. Era un plumier de dos pisos de la familia ulises del TBO. Dentro tenía pequeños objetos que había "recogido" suponiendo que nadie los echaría en falta. Una pequeña navaja suiza, unas monedas de franco de cincuenta pesetas, un boligrafo bic de 4 colores que siempre quiso y nunca tuvo hasta que lo tuvo cuando ya no lo quería, un pin de la OJE que odiaba por su olor a mili y color a órdenes y disciplina, un llavero de esqueleto muy gracioso como símbolo de su amiga muerte, una lupa cuenta hilos para ver más allá de lo visible, un mechero de gasolina nacarado con flores, un dedal metálico metido en una bellota metálica y otras cuantas cosas totalmente inútiles que no necesitaba. Cosas de su familia totalmente ... conservadas.


Y luego estaban las cajas imprescindibles e impersonales como la clasificadora con tornillos de mil roscas, diámetros y longitudes. Y otra con los posibles tacos, y otra con puntas y alcayatas, y más con atornilladores y otra de alicates y una más con componentes electrónicos y eléctricos que raramente usaba y contenían interruptores, led, resistencias, condensadores, regletas, tubos de goma, gomas elásticas, mini casquillos y mini bombillas, mini altavoces y mini mierdas que tampoco sabía para qué junto a mil imanes de mil formas y potencias que discutían entre ellos...  y dos cajas de Ikea cuadradas e insulsas que dejan ver la una bombillas sin ideas y la otra cables corrientes sin energía así como había otras también de ikea con cd's que no volverían a sonar y juegos sin mando que no divertirían jamás. Por entre tanta caja andaba una de bombones ferrero rellena de fichas sin escribir y su tapa recogía pendrives antiguos haciendo corros y fanfarroneando sobre gigas y velocidades.

Cosas, cosas y cosas. 
También tenía otras cajas sosas con lápices de colores que imaginar, pinturas de cera por pulir, acuarelas sedientas, pinturas pastel que al polvo no volverían, rotuladores sin cartel, rotrings borrachos que en tiempos fueron rectos, cintas correctoras sin falta que corregir a niños o chicos que ya no estaban y plumas tiradas sin manos poetastras que las acariciaran. A su lado descansaba una caja igual de sosa con sobres buscando sellos con los que pegarse viajes, hojas de din-A4 que amarilleaban resecas anhelando el lento transcurrir de un surco de tinta entre sus fibras y pegatinas de adhesivo pasado que volaban al suelo son soplar por sus esquinas levantadas.

Y más cajas con cosas porque para cada cosa existe una caja especial.
Para guardar lo que no deseamos ver pero en el fondo sí queremos tener siempre hay una caja única, personal, material o inmaterial.



Un día, este hombre encajado, decidió que su soledad no necesitaba la compañía de todas esas cajas y sin saber de dónde venía el dolor en la garganta ni qué le oprimía el pecho, fue tirando a la basura el contenido de aquellas cajas. Las primeras en quedar vacías fueron las feas y las simples de cartón y plástico. Las últimas fueron sus cajas más interesantes y queridas que aún estando vacías parecían susurrar palabras tristes. El hombre quedó solo, acartonado y como plastificado con sus cajas huecas y se sintió vació. No era capaz de comprender para qué había vivido ni qué sentido tenía el vivir en la gran caja del mundo ni por más bonita que pudiera ser. Las lágrimas como botellas de coca cola le caían por la mejilla y no lograba reaccionar. Llevaba tiempo estando mal. Mal consigo mismo y con su casa y las cosas que le rodeaban. Las personas no le podían acompañar porque huía de toda compañía y no hacía caso a amigos ni psiquiatras ni psicólogos. Se lanzó al vacío desde el vacío y llegó a la nada desnudo y sin nada. 

Su última caja se llenó de él, de la escasa carne que lo poseía. Una caja en tierra valdía que dentro albergaba otra, vacía de vida. Y de aquella su fea y postrera cárcel de ocho paredes jamás escaparía. 

Eso tiene la imaginación. Imaginó todo eso del dolor con los huesos reventado y la escena del espatarre en la calle hecho migas. Lo que una vez le salvó de intentar quitarse la vida volvió a hacerlo otra vez. ¿Ponerse a imaginar el suicidio justo antes de intentarlo significa que se te va la olla en cualquier momento o que quizás no estás tan desesperado como para ejecutarlo?

Calella de Palafrugell
Con cien cajas vacías por banda, rumbo a la costa a todo trapo, no sobre la vía porque vuela, AVE un tren con su maletín. Pirata digital le llaman y por su saber es temido, entre clientes y supuestos amigos y el pelo nunca han visto.

Bueno, que siempre deseó vivir en la costa de un mar cualquiera que diera olas a ratos bravas y a ratos mansas y con playa y roca acantilada compatible. Y cogió las maletas de Gabol y empezó una vida nueva de sol, gaviotas turutas y bañadores secos, pinchos dejados y bebidas del tiempo y nunca más se acordó de aquellas cajas bobas. Vivió sin bienes por no necesitarlos; desclasificado, desorganizado, desorientado a ratos y sin reloj ni fotos o recuerdos de tiempos antiguos, sin gabardina ni bufanda ni frío en los costales perforados de los pantalones que a veces se ponía y a veces no. Fue una vida reposada y corta, envejeciendo con el sol y el salitre al aire del mar como él quiso y así por fin, fue feliz hasta el último día en su nueva vida.



domingo, 9 de octubre de 2016

La muerte, medicamento antiestrés

Death, an anti-stress medication.
"Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre." Gandhi


Es evidente que la muerte no es ... no ... eso. No es un remedio para nada. Cuando hablamos de la muerte, es como si habláramos siempre del punto y final. Pero no. Hay otras formas de aplicar la muerte. Puede servir como amenaza exagerada en plan guasa o amenaza violenta en plan "te mato si ...".

Pero de verdad. Sí que puede servir como medicamento. De hecho, muchas personas que han sufrido experiencias cercanas a la muerte suelen cambiar ostensiblemente los valores que tenía establecidos, su comportamiento y hábitos. Conozco por ejemplo a un hombre antes y después de sufrir un infarto y el cambio fue como de la noche a la mañana. Incluso vino un día, tras su paso por el fallo cardíaco, a pedirme disculpas personalmente a mi trabajo -acompañado por su esposa- por su comportamiento conmigo unas semanas antes. No era necesario porque ambos reconocimos entonces que él llevaba razón cuando se cabreó. Su esposa decía feliz que era un hombre diferente.
Con el tiempo, los efectos medicinales probablemente se fueron pasando porque el carácter de uno no cambia radicalmente de forma permanente así como así y él volvió poco a poco a su anterior perfil, algo más suavizado.

Y bueno, lo que digo es que desde la perspectiva de la vida y la muerte todo cambia radicalmente. Vivimos nuestras vidas como si fueran perdurables y enfocadas desde el punto de vista del dinero, el poder, del aspecto físico o del vestuario, de las capacidades intelectuales, del prestigio o la fama y todo ello en comparación con quienes nos rodean e incluso comparado con otros que solo conocemos a través de los medios de comunicación. Y esa forma de plantearse el momento o el día a día es una mala fórmula para calcular la vida.

De acuerdo. Uno no puede pasarse el día con pensamientos como estos:
-Mientras conduces con prisa por la ciudad para llegar a tiempo: 
"si me dijeran que mañana iba a morir, ahora mismo pasaba de andar corriendo"
-Mientras esperas turno en una cola inmensa para comprar algo:
"si supiera que me quedan dos días, ahora mismo dejaba esta cola porque no necesitaría para nada comprar eso"
-Cuando te das por vencido y te rindes ante una tarea que parece imposible:
"haría un esfuerzo y me metería con más ganas para terminar este asunto si me dijeran que me iba la vida en ello"

Pues a eso me refiero un poco. A la conocida frase "a vivir, que son dos días", pero que luego muchos no tienen en cuenta para el día a día porque hace falta ser serios y constantes y eficaces y rápidos y guapos y adinerados y poderosos para entrar en el grupo admirado por los demás pero sin pasarse. Que les den por saco un poco a todos esos zombies socializantes-alienantes y estresantes.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Porqué se desnudan los locos?

Why do crazy people get naked?
"El cuchillo separa el lóbulo de la oreja del cuerpo ... Un muro de hormigón del psiquiatrico separa la sociedad de la gente razonable de la de los locos. Mediante el uso de la psiquiatría con fines políticos una vez más, el aparato policial trata de recuperar el poder de saber distinguir entre la razón y la locura. Armado con diagnósticos psiquiátricos, el burócrata de la bata blanca extirpa de la sociedad aquellas piezas que le impiden establecer la dictadura monolítica del uno para todos y para todos obligatorio." Pyotr Pavlensky

Pyotr Pavlensky realiza una protesta sobre el tejado del centro de investigación psiquiatrica social y forense de Moscú.

Pues eso, ¿porqué se desnudan las personas que padecen problemas mentales con tanta frecuencia? 

Quienes padecen esquizofrenia, por ejemplo, a veces parecen buscar la transgresión de las normas sociales y tienen comportamientos que a los demás resultan estrambóticos por salirse de la norma. Gritan, profieren insultos, hacen gestos desmesurados, muecas, soniquetes ... se quitan la ropa. 


Dice Luz Teresa Maldonado, poeta en:
http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-159215

Si al perderse uno se encuentra
andando por la vida.
Descubrimos que los sentidos y otras señales
nos indican a donde ir sin partir.

Si al perderse uno se encuentra
en los sonidos del silencio
que hablan, susurran, nos llaman
nos entretienen para encontrarnos
en lo hondo, en lo adentro.

Y es cuando descubro a mi yo libre
libre de ataduras como él ...
el Loco que se desnuda.

Quizá el Loco también se libera de telares tejidos por la sociedad sobre nuestro todo. Y sí, Loco con mayúsculas porque es una poesía, porque es con amor. El mal no está en las palabras solas, sino en cómo se acompañan y se dicen y según el hilo del mensaje que llevan, según cómo y hacia dónde quieren llegar.

La esquizofrenia no es ni la única enfermedad mental ni el único motivo que nos lleva al desnudo integral. Cuando la enfermedad empuja y hace correr tu alma fuera de sí, queda desnuda ante los demás y se espantan al reconocer un ser tan desbocado como libre. Y puestos a soltar lastre, ¿por qué no liberar también lo físico?

Es su propio cuerpo lo que autolesiona y desnuda ante todos Piotr Pavlensky.
El cuerpo desnudo es lo que busca en ocasiones el artista cuando crea una obra. Es la piel y sus formas, su pelo, color y sombras y no la ropa del modelo lo que ponen ante los ojos de los estudiantes. Son cuerpos y cuerpos de hombre y mujer, reunidos en lugares públicos y abiertos a la mirada de los demás lo que encontramos en playas y otros lugares con genitales y pechos colgando o firmemente sujetos según la edad. Repletos de grasas, solo piel y huesos y algún que otro espécimen perfecto en casi todo.
Pero esos solo son los cuerpos de los cuerdos. Personas que reciben sol, agua y tierra como materia prima para fabricar felicidad. Los locos no pretenden placer sano ni felicidad pura a cambio del desnudo.

Los religiosos también se desnudan y se infrigen daño a veces. Francisco (San) se desnuda ante el obispo de Asis para despojarse de todo bien terrenal. Jesucristo cuelga desnudo en la cruz ante todos, reflejo de soledad y abandono, próximo al espíritu que restará. Gobernantes disfrutando desnudos, fotografiados al descuido y Spencer Tunick con miles de desconocidos sin ropa creando arte. Gente que destapa injusticias con gritos en público y sin telas que les cubran. Gente que se tapa hasta los ojos y soporta todo tipo de injusticias. 
Pero esos solo son los cuerpos de los cuerdos. Los Locos van gritando por gritar, son abominables dentro del arte y son compadecidos y cubiertos enseguida porque no saben lo que se hacen.

La sociedad establece las normas y distorsiona nuestras formas.



El body painting como expresión artística, utiliza como lienzo en la mayoría de casos mujeres con cierta belleza. Los hombres resultan complejos, difícilmente artísticos y confúsamente eróticos y capaces de cambiar la obra. Para Alexa Meade toda la persona es un cuadro fugaz y viviente.
La mente puede ver la desnudez pintada y hasta cierto punto tolerarla y englobarla en el arte, pero sin la pintura... ay... eso es otra cosa.
A los locos como mucho se les "pintan morados" si se portan mal.





La foto muestra a Marina Abramovic llorando en una actuación de 1970 en Serbia donde los visitantes podían coger objetos de una mesa y utilizarlos sobre ella. Había de todo, cosas buenas y malas. Había incluso una pistola con balas. 
Marina Abramovic es una artista que también ha utilizado su cuerpo desnudo en muchas de sus actuaciones u obras. A veces, una mirada es capaz de desnudarnos el alma. En esta ocasión le sucedió a ella. Estaba en el MoMa. Ella permaneció durante horas sentada junto a una mesa. Los visitantes podían sentarse al otro lado de la mesa y mirarla a los ojos durante un minuto. Parece una cosa tonta, pero de pronto, cuando llevaba muchas horas actuando sin moverse, se sentó frente a ella la persona que compartió su vida durante 30 años tras su extraña y amable ruptura largo tiempo atrás sin volver a encontrarse. Una mirada, un minuto y un millón de recuerdos y el deber de no moverse y continuar con el espectáculo.



Y quizá la pregunta correcta sea ¿por qué se visten los cuerdos?. 

Otro día podemos comentar que no debemos llamar así a las personas diferentes. Ahora se dice que son personas con diversidad funcional. Es curioso cómo tratamos de adaptar el lenguaje para mejorar la integración pero la vida real, en lo cotidiano, en lo material, las cosas cambian muy, muy poquito.

Locos. Subnormales. Discapacitados. Minusválidos. Pues no.

DISIMILES o distintos, que para eso existe la DIVERSIDAD.



sábado, 23 de julio de 2016

Los internados del miedo

The boarding schools of fear.
"Una de las cosas más afortunadas que pueden sucederte en la vida es, creo yo, tener una infancia feliz" Agatha Christie


Compré el libro “Los internados del miedo”. Me preguntaron si esta lectura -casi siempre nocturna- no me produciría nervios o me quitaría el sueño. A medida que lo iba leyendo no puedo negar que alguna noche me costó conciliarlo y todos los días le daba vueltas. Cuando lo enseñé vi hocicos arrugados hacia lo desagradable, el deseo de desconocer lo que vivieron aquellos niños entregados a internados regentados por “personas” que tenían la labor de cuidarlos. Cuando quise ver el documental en familia, las cabezas se inclinaron sobre móviles y ordenadores durante el rato que hablan en catalán. Cuando empezó a escucharse en castellano, el calor fue una buena excusa para dejarme solo en el salón. Yo no necesitaba verlo, evidentemente, yo leí todo aquello.

Dice el libro:

"Cuando se empezaron a publicar algunas experiencias de los preventorios en el 20 Minutos mucha gente dejó comentarios en el sentido de que, con todo lo que estaba pasando en España, con la crisis, la corrupción, casos de torturas en comisarías y muertos en las prisiones, lo nuestro era pecata minuta. Y sí, es verdad."
Pues no. La situación actual no es pretexto para dejar de lado este tema. No existe excusa válida porque entonces habría que pedirles a quienes sufren hoy en día por cualquier motivo que se aguanten y esperen, que el tiempo todo lo cura y en el futuro ya veremos si se puede hacer algo.

Se construyeron internados, preventorios, edificios -aún siguen en pie la mayoría- de carácter pseudobenéfico para niños y mujeres y había muchos adultos encargados de mantenerlos en funcionamiento. Todos esos adultos hubieran debido buscar otro modo de vida de no haber niños a los que alojar. Las criaturas eran el motivo de todo aquello, de su día a día como personas adultas. Los niños daban trabajo y por tanto “daban de comer” a sus cuidadores. Hay infinidad de asuntos que no puedo entender sobre esos internados desde un punto de vista racional. Uno puede ser insensible y mal cumplir con el cometido que se le encomienda, pero de ahí a hacer daño, a manipular la mente de unos seres indefensos que crecerán con el miedo, el rencor y el dolor de lo aprendido, hay un mundo. Toda esa gentuza depravada, autoritaria, sucia y carente de amor, todos esos soldados de cristo y sus acólitos que por acción u omisión –tanto da si miraron a otro lado como si eran protagonistas- que reventaron las frescura de genitales y entrañas inocentes, que masacraron a hostias con una brutalidad solo imaginable en los peores criminales, todas esas devotas servidoras de la virgen que veían cómo se iban consumiendo hasta los huesos aquellas criaturas hambrientas, toda esa gentuza como digo,  quedaron saciados de sexo, liberados de su violencia y de su sádicas manipulaciones psicológicas. Y también quedaron impunes. Y eso es agua pasada que no interesa. Ah, vale. Pues entonces, cuando abusen del sexo de vuestros hijos e hijas o les metan una paliza o les insulten, no pretendáis reclamar justicia y dejad que el tiempo cure esas minucias. 

¿Cómo pudo haber tanta violencia indiscriminada, tantos abusos y malos tratos contra niños, siempre inocentes, durante tantísimos años y nada, ni tan siquiera después de la muerte del dictador, consiguió detenerlo, ni nadie en el poder hace aún nada para hablar con las víctimas, para reconocérselo y ayudar? ¿Esperaremos a que no queden testimonios vivos?

Creo que la falta de humanidad y la abundancia de monstruos disfrazados entre nosotros –tanto antes como ahora- es el origen de tanta brutalidad. Conocí este tema escuchando radio 5 mientras conducía y tuve que detenerme porque no veía bien. Volví a recordar la violencia que vivimos en el colegio salesiano cuando cursábamos 4º de EGB. Si Juan Bosco hizo algo bueno, ensuciasteis su nombre repitiéndolo hasta la saciedad sin tener ni remota idea de lo que significa la bondad. Tenía una edad parecida a la de aquellos niños, pero tuve suerte de que mis padres solo me amenazaran con los internados. ¿Tenían idea nuestros padres de aquellas atrocidades e injusticias?

Ya nada puede reparar los daños causados. Nada sacará de sus mentes y sus cuerpos lo pasado, pero al menos debemos reconocérselo y decir en voz alta lo sucedido. Todos.

[Hay un escritor francés, Michel de Montaigne, que dice que no hay nada que se recuerde tanto como lo que más quieres olvidar.]

Esto es algo que yo tampoco consigo hacer que se comprenda. Dicen que los acontecimientos pasados es mejor dejarlos reposar en el fondo con el lodo. Que no hay que remover la mierda si no queremos terminar embadurnados de ella. Que las heridas hay que dejarlas estar. Pero pasa que entonces se infectan y es peor. Las heridas hay que tratar de curarlas, airearlas y respetar sus cicatrices. 
Imágenes extraídas del documental.


(Ut sementem feceris, ita metes) "Lo que siembres será lo que coseches." Me repetían los (¿padres?) salesianos en lugar de ayudarme por mi fracaso escolar. Pero la frase de Cicerón no es cierta. No es seguro que coseches lo sembrado. A tantos asesinos en serie que sembraron miedo y desesperación en los ávidos y fértiles campos de la infancia durante tantos años ... ¿qué les deparó la cosecha? Reconocimiento y paz eterna para el día de su muerte. Me llena el odio. Lo reconozco. No puedo perdonarlo. No puedo decir lo que les deseo. Pesadillas vivas, fruto del odio. Para empezar, que sus familias, amigos e hijos pudieran ver lo que hicieron y cómo miraron hacia otro lado. En el libro he contado como mínimo el testimonio de 5 muertes inocentes, a golpes, con pruebas médicas o por abandono y dejadez, de hambre, tortura y enfermedad, de todas las cosas juntas. Y cada nuevo capítulo del libro me cuesta más. Es complicado saltar al siguiente y debo dejar el libro en la estantería porque me parece odioso conocer un testimonio nuevo teniendo reciente el anterior. Necesito asimilarlos de uno en uno, dejar un espacio entre ellos. Cuesta sujetar las lágrimas. Luego me hierve la sangre. No puedo más. Es difícil volver a estas páginas para terminarlo pero tengo que hacerlo. 



Ver este documental no es agradable pero es obligado hacerlo. Creer en dios es libertad de cada cual, pero mantener y creer a sus más altos y fieles consejeros es otra cosa. Que no me hablen de santos. Que no me vendan postales, escapularios, cintas benditas ni excursiones a la virgen o al cristo de la equis. Que no me santifiquen cuando nazca para luego vivir en un mundo gobernado por mil demonios. Que no me den una hostia para confirmar que hubo sangre en las venas de un tal jesús. Que no me digan que nacen dioses de mujeres célibes y que no se haga en ellas según la  palabra de nadie mientras ellas no quieran. Que no me crucifiquen por decir esto y, por favor, si por callarlo. Que no me perdonen ni se perdone a nadie  por el simple hecho de hablar en voz baja a la oreja con cera bendita de alguien. Que no me hablen del matrimonio humano los eternos solteros ni los que se solo logran casar con lo divino. Que me dejen ir al puto infierno si es eso lo que merezco. Que quede para ellos el cielo abierto y limpio de pecado.
Imágenes extraídas del documental.

Dijo Francisco de Asís: "Dios quiere que ayudemos a los animales si necesitan ayuda". Y Victor Hugo: "Los animales son de Dios. La bestialidad es humana". Pero a esos niños nadie les ayudó. Ni siquiera el mismísimo Dios: sus designios son insondables. Ni civiles ni religiosos deberían haber logrado a escapar a estas lecturas y a tantas otras antes de empezar su trabajo. Eran gente fracasada y amargada, carentes de amor a nada. "Nihili est qui nihil amat". ¿Nadie les controlaba? Sí, pero para que todo funcionara silenciosamente así. Todos eran parte de la bárbara maquinaria del estado masacrando miles de niños, mujeres y hombres a diestro y siniestro.

Fuimos unos niños tan malos que hubieron de romperse las manos en nuestros culos y nuestras dos mejillas sin ofrecerlas. A mi me grabó sus dedos un profesor en ambas. A muchos de mis compañeros de 4º de EGB también. Nos hacía mirar a una golondrina que había puesto en una esquina de la clase. Decía "¡Mira el pajarito!" y... ¡Plaf!. También usaba una regla metálica flexible con la que te fustigaba la espalda, o te decía que acercaras la cabeza al pupitre y luego te la golpeaba contra él. Yo estaba allí. Cagado de miedo. Evadido en babia. Aunque mi mecanismo defensivo era estarme callado y quieto, falló una sola vez. En quinto curso, Don Esteban sería la nueva bestia parda. Con él no podías librarte del todo, porque había castigos colectivos. 40 chavales contra las paredes, en círculo haciendo cola y uno a uno nos golpeaba las uñas con la parte de madera del cepillo o con la regla. Recuerdo más los nervios y el miedo que el dolor. No puedo olvidarme cuando ponía a dos niños que hubieran hablado con sus cabezas cerca y las chocaba con fuerza. Los preparativos eran tan lentos ... a mi se me hacía eterno: "No tan cerca, listillos. No os mováis. A ver... Tú, da un paso atrás. Inclínate un poco, asi ...  quietos ..." Uno de ellos se orinó.  Después, los test psicológicos me tildarían de antisocial e introvertido. Cuando alguna vez he coincidido con algún que otro salesiano desconocido de mi ciudad, me ha preguntado: "¿A cual centro ibas tú?" Al parecer había un salesianos de los pobres y yo iba al de los ricos. Madre mía. Y hace poco le comenté lo de este documental a uno de ellos y me dijo: "¡A mi me vas a hablar tú de los salesianos! Mira, yo he ido a los dos y en el de los ricos me pegaron menos pero me humillaron más. Y conocía a chicos internos y esos pobres pasaban hambre. Un día le llevé un paquete de galletas a un amigo y se las quitaron y preguntaron quién se las había dado. Me dio el cura una bofetada con todas las ganas, como cogiendo carrerilla con el brazo, que casi me tumba." Me cuenta con rabia que un salesiano les daba a veces caramelos de zaragoza (adoquines de la virgen del pilar) -esos tan grandes y duros- y otras veces le decía que si quería uno lo buscara en su bolsillo. Enfadado me dice "¡Qué sabía yo con 8 años qué era eso!". Le da mucho asco recordarlo. Estas vivencias nuestras quedan, en comparación a los internados, sin importancia. Debo decir que la educación salesiana también marcó a muchos niños aunque no sufrieron el salvajismo del que se habla en el libro. Mis amigos, por ejemplo, quedaban mudos ante las chicas y a mi, siendo bastante mayor, me dijo un profesor que conocí en el trabajo: "¿A que colegio fuiste? - ¿A un colegio de curas? - Joder, no se qué os hacían que sois todos iguales. Se os nota a la legua."
Imágenes extraídas del documental.

Pero fuimos tan, ¡pero tan malos! que tuvieron que crucificarnos libros en mano y rodillas en el borde del estrado, hasta perder el conocimiento. Fruto de nuestra maldad, de nuestro tan reciente pecado original,  les obligábamos a disfrutar  rompiendo las reglas con otras de metal y madera sobre las uñas de nuestras aún tiernas manos. 

Debido a nuestra piel suave, a nuestro olor a niño, a nuestras escasas carnes blandas; debido a nuestra mirada de libidinosa experiencia con 6, 7 u 8, 10 años, qué más da; por desearlo de veras puesto nunca supimos decir NO -y más nos valía- os visteis obligados a penetrarnos y a llenar nuestra boca con vuestro sexo. Qué a gusto y relajados quedabais tras repasarnos con vuestras manos callosas de vicios nunca castigados, nunca confesos.

Qué bien sonaba después de aquello el ave maría y el padre nuestro. Qué bien se glorificaba al señor. Maldigo las noches que lloré implorando que me llevara. Maldigo mi ignorancia infantil y juvenil y detesto mi jodida conciencia que nunca calla.

Miembros del clero, seglares y monjas, curas y laicos, seculares y monjes, legos y sacerdotes, párrocos, los "fieles" y sus pastores, presbíteros, diáconos, obispos... Cuánta jerarquía para luego hacer lo que os salía de los mismísimos hábitos. Cuán hermosas lecciones de amor al prójimo, pero privándonos de ello primero. Enseñando con el ejemplo, con la represión, con la separación por sexos, con el dolor y el llanto sordo. Con el insulto público y la burla. Con el frío del invierno.

Imágenes extraídas del documental.
Por todo esto lloro hoy con este llanto mudo y quedo. Por todo esto lloro sin consuelo.


Por tanto que pasó y nunca se hizo el mínimo esfuerzo en reconocerlo. Por tanta espalda vuelta hoy al horror ya silenciado entonces.

Quiero agradecer a los valientes participantes que dieron testimonio para Montse Armengou y  Ricard Belis y doy gracias a estos por su trabajo. Siento mucho el dolor que se os causó.

Felicito por su suerte a aquellos otros que disfrutaron de su estancia en otros lugares parecidos pero con otros cuidadores nada similares. Les felicito por la suerte de no haber coincidido en el mismo tiempo y lugar que aquellos. 

Y lo siento. Lo siento mucho. Muchísimo. Lo siento infinitamente por aquellas personas tan especiales que no han participado en este documental o libro. Porque su corazón no podía soportar los recuerdos. Porque saben que cabe poca esperanza de ver compensado su dolor de ninguna forma. Porque no pueden confiar y se preguntan si serán señaladas. Porque tienen miedo de encima ser objeto de risas, miedo al poderoso. Porque nunca lo contaron. Porque algunos ni siquiera sobrevivieron.


Lo siento infinitamente por quienes no sobrevivieron. Por todos aquellos que fueron usados para todo tipo de fines particularmente ruines, algunos desde cero años, otros con unos pocos y algunas por ser madres.  Personas utilizadas con fines particulares y públicos. Usadas sin descanso. Castigadas sin parar. Niños golpeados para ser callados o por sadismo, educados para ser vendidos como mano de obra barata. Personas que de pronto esos malnacidos echaron a la calle como si nada y no lograron superar el dolor y el abandono. Esas personas que no sobrevivieron, antes de morir, malvivir o ser otra vez encarcelados, fueron niñas y niños que casi no conocieron o les robaron el cariño, la inocencia o la familia. Les robaron el alma y así los enviaron, con el espíritu maltrecho, a vivir lo que les pudiera quedar de vida. 


Esta imagen y las siguientes, han sido extraídas del documental.











... presentada en el Patronato por "Juzgado de primera instancia de Mataró" con motivo de "ser perseguida por el hombre con el cual convive su madre" ... " petición de la madre y de la interesada que se halla muy atemorizada por los malos tratos recibidos" ... "19-5-77 ingresa en el colegio de Adoratrices de Badalona."

Estado de la enferma y fenomenología psiquiátrica al ingreso: "Llora con mucha pena. Contesta a todo lo que se le pregunta como una chica mal educada."

Y para finalizar, después de ver esta secuencia de imágenes extraídas del documental, quiero tratar de explicar con una pincelada de color, con imágenes extraídas del cómic "Memorias de un hombre en pijama" de Paco Roca, la diferencia entre una infancia más o menos correcta y lo que vivieron estas personas. Lo que les faltó porque no solo les fue robada la infancia, sino que fue reemplazada por un régimen vejatorio, violento, sádico y carente de los mínimos propios de un verdadero ser humano.