martes, 30 de abril de 2013

MARIA Y YO - Maria Gallardo y Miguel Gallardo (autismo)

"He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste y olvidará lo que hiciste pero, lo que la gente nunca olvidará, es cómo les hiciste sentir." Maya Angelou

Hoy encontré este libro:


Que Miguel esté encantado con María, es natural.
María es su preciosa hija. EH?
¿QUE NO ME CREEIS? Necatus et stultus sois. Ved la imagen a continuación:


Desde luego, la sonrisa es contagiosa, como dice su padre.
Tienen un blog "mu" chulo. Aquí: mariayyo-gallardo.blogspot.com.es


Y bueno, pues me encanta este libro.
Es una prueba de que el amor incondicional existe. 
Será, en términos generales, otra prueba más o no, pero esta es una demostración única. Como María es única.

Gracias María, gracias Miguel. Y un botón de muestra del contenido.







Y hay una parte que me llama la atención.
Cuando María deja caer la arena rozándole entre los dedos, mirando de cerca cómo fluyen los granos, cómo escapan y se alejan y confunden entre los demás. Cómo cada uno forma parte de un todo, imprescindibles cada uno, ocupando su espacio, todos amigos e iguales, todos en la montaña rusa, tomados en volandas para ser liberados en su mano, todos corriendo en la manada, como gotas en la cascada, despacio para nosotros y a velocidad de vértigo para ellos.

Cuando era niño, tenía fascinación por mirar las cosas de cerca. Las ponía lo más cerca de algún ojo y observaba las cosas grandes desde el punto de vista de las cosas pequeñas. Y jugar horas con el agua en el lavabo hasta arrugar la piel de los dedos... Me recuerdo de niño haciendo eso y me siento como María, cada uno feliz en su mundo. Llegué a tener sueños repetidos donde la relación entre lo grande y lo pequeño era algo... cómo decirlo, ¿asombroso? ¿obsesionante? ¿revelador?:

Soñaba que estaba en un gran espacio que albergaba infinidad de columnas verticales, perfectamente rectas y perfectamente lisas. La cuestión es que las columnas eran iguales en todo excepto en su grosor. No distinguía su base ni su techo. Y su diámetro podía ser inmenso, mediano, fino y extremadamente mínimo, menor que el de un cabello. Tener consciencia de la diferencia extrema en el tamaño era algo que me dejaba en "shock". Este sueño repetido formaba parte de mis pesadillas.

En el colegio, veía una partícula sobre un libro, y me ponía en el sitio de la partícula. Salir de esa explanada sería para esa partícula toda una hazaña. No hace falta decir que en clase estaba en otro mundo y mis notas eran del inframundo.


Jajajaja, cada uno tiene sus propios rituales, ¿no?. En fin.

Tienen su propia peli. La podeis ver en youtube, aquí:




JA, qué bueno. En la peli dice que en lugar de jugar con sus muñecos, los ponía en fila india. ¡Leches! Yo ponía mis coches en fila india para ir al garaje a lo largo del doble pasillo y mi padre se ponía negro porque empleaba todo mi tiempo en eso. Decían los psicólogos que era un insociable. Además, también tengo fascinación con cosas que giran. Dar vueltas a todo tipo de objetos me deja sin parpadeo. Ver como se paran poco a poco... Y en una ocasión estaba dando vueltas con la bici y no me daba cuenta, hasta que mi suegra me pegó tal bocinazo que me sacó del trance: 
"¡¡PERO QUIERES DEJAR DE DAR VUELTAS!!" 
Que cosas. A lo mejor todo tiene algo que ver, y por eso me quedaba solo en una columna del cole cuando tenía 6 o 7 años, en lugar de jugar con los otros nenes. ¿¿¿-???

4 comentarios:

carsivi dijo...

vi un documental muy interesante sobre esto y me parecio impresionante, es bonito como el amor y la comprensión puede con casi todo....

ferrodeto dijo...

Nicolás pone todo en fila india y no le gusta nada que se lo desordenes, a mi me hace gracia y me parece muy interesante que le guste hacerlo.

fermin dijo...

¡Bueno! Pues es lo que yo digo, yo ponía así los cochecitos, ¿no hay nada de malo en ello, ¿no? jajaja

Con cariño se consigue más.
Y con paciencia también.
Y aprendiendo a reir.


ferminbis dijo...

no hay nada de malo, es más....creo que lo malo esta en quien no lo ve bien.
Con cariño se consigue más.
Y con paciencia también.
Y aprendiendo a reir.