domingo, 30 de septiembre de 2012

Poema lesivo de una mente perturbada (autolesiones)

Self harm poem
"Me gustaría poder cerrar los ojos y ser soplado en polvo y en la nada; sentir todos mis pensamientos dispersarse como pelusa de diente de león a la deriva en el viento". Lauren Oliver

¿Cómo quieres que no me autolesione? Ayer desperté sin sueño a las 4. Esta noche eran las 3 y media. El otro a las 5. Mi mente estaba fresca, lista para trabajar, para centrarse, hablar, cualquier cosa menos dormir. Comencé a pensar. Empecé a sentirme hueco, triste, innecesario.

Estoy cansado de vivir. 
No sé qué es amar. 
No amo a nadie y no merezco 
ninguna clase de amor. 
Me odio. 
No puedo dar felicidad y 
no merezco ser feliz. 
Llevo la muerte lenta sobre los demás 
y cuanto más cerca 
más muerte, y, 
cuanto más tiempo, 
más lenta, y, 
cuanto más mueren, 
más me acerco a mi 
propia muerte cierta. 

Debo hacerme heridas. 
Cortar mi piel en tiras, 
quemarla despacio con soldador, 
golpear luego mis costillas, 
con nudillos que asorden su dolor. 
Y debo poner mi piel morada 
con vara de metal, 
encarnada, violeta, o con 
dura madera de nogal
verla granate y amarilla: 
piel maltratada, violada, 
quebrada, inflamada, 
incendiada e inocente 
como toda infancia: 
interrumpida. 

Soy un cobarde integral. 
Soy ese hombre que huye 
ante la mujer ideal. 
Soy un problema fatal 
soy una mujer yerta; 
una flor invernal, 
diminuta y vulgar. 
Soy una niña sin padre 
ni abuelo que le hable 
a un hermano que siempre estará, 
soy una chica con miedo, 
a la locura, al hombre sin sueños 
que pudo ser bueno, 
al hombre normal 
que pudo parecerlo en tiempos. 

No soy capaz de dar placer. 
No sé practicar mi sexo
Odio su puerca fealdad y
odio este pene caducado, 
su prominencia impertinente, 
su brutalidad primitiva, 
palpitante y explosiva, 
su orgullo adolescente y
ese pelaje permanente, 
sus órganos adyacentes y
su húmeda simiente, 
punto final de tanta pesadilla 
para mucha, muchísima gente. 

El sexo ajeno, menos aún. 
No sé dónde, ni cómo empieza, 
cuándo o porqué se termina. 
Me asusta tanto su oferta 
como me quiebra su indiferencia, 
su perfume o entraña tierna. 
No sé si será mejor amarlo, 
o si amar la carne deja, 
porque de amar yo algo 
amaría la nada a secas, 
o si la nada es algo 
ese algo sería mi queja. 

No merezco esta vida que me alimenta. 
No la entiendo. 
¿Porqué me tiene en cuenta? 
No sé porqué empezó, 
ni para qué sigo viviéndola, 
ni porqué mi madre lo permitió 
cuando no podía con ella, 
diciendo que no me quería 
sin haber nacido siquiera. 
Sin tener forma, 
sin conocer la luz apenas, 
sin sexo ni indecencia, 
sin mente ni demencia 
provocaba ya el llanto y 
el desconsuelo era mi oferta. 

¡ Qué no haré sufrir ahora 
a estos que me rodean ! 
¿Cómo quieres que no me autolesione? 
Si paso la noche en vela, 
torturando mi alma 
o lo que de ella queda. 
Si no sé hacer otra cosa 
desde que el sexo me detuviera, 
siendo niño, 
perdido entre el amor y la guerra.


"Aquí es donde estamos en este momento, como un todo. Nadie queda fuera del circuito. Estamos viviendo una realidad a partir de una fina capa de mentiras e ilusiones. Un mundo donde la codicia es nuestro Dios, y la sabiduría es el pecado, donde la división es clave y la unión hace la fantasía, donde se elogia la inteligencia impulsada por el ego de la mente, en lugar de la inteligencia del corazón." Bill Hicks
HURT - JONNY CASH


Traducción:
Me hice daño a mi mismo hoy, para averiguar si todavía sentía algo.
Me centré en el dolor, la única cosa que es real.
La aguja hizo un agujero, el viejo y conocido pinchazo.
Intenté matarlo, pero lo recuerdo todo.

¿En qué me he convertido?
Querido amigo mio, todos a quienes conozco, al final se van,
y podría haber tenido todo mi imperio
de basura.

Te defraudaré. Te haré daño.

Llevo esta corona de espinas en mi trono de mentiras
lleno de pensamientos rotos que no puedo arreglar.
Bajo las manchas del tiempo, desaparecen los sentimientos.
Eres otra persona más. Yo sigo aún aquí.

¿En qué me he convertido?
Querido amigo mio, todos a quienes conozco, al final se van,
y podría haber tenido todo mi imperio
de basura.

Te defraudaré. Te haré daño.

Si pudiera volver a empezar alejado un millón de millas,
me cuidaría más: encontraría la forma de hacerlo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Abusos Sexuales en la infancia

Sexual abuse in childhood.
"Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Te verás una y otra vez en situaciones casi imposibles. Intentarán una y otra vez por medio de subterfugios, engaños o por la fuerza que renuncies, te des por vencido y/o mueras quédamente por dentro.
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Y será muy fácil desfallecer. Pero que muy fácil. Pero no desfallezcas, no, no. Limítate a mirarlos, escucharlos ¿Quieres ser así? ¿Un ser sin cara, sin mente, sin corazón? ¿Quieres experimentar la muerte antes de la muerte?
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Y mereces salvarte. No es una guerra fácil de ganar pero, si algo merece la pena ganar, es esto. Piénsalo. Piensa en salvarte a ti mismo. Tu parte espiritual. La parte de tus entrañas. Tu parte mágica y ebria. Sálvala. No te unas a los muertos de espíritu. Mantente con buen talante y garbo y al cabo, si fuera necesario, apuesta tu vida en plena refriega, al carajo las probabilidades, al carajo el precio.
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
¡Hazlo! ¡Sálvate! Entonces sabrás exactamente de qué hablo."
Charles Bukowski

Cómic de Phoebe Gloeckner, titulado "VIDA DE UNA NIÑA"
http://www.amazon.com/Childs-Other-Stories-Spanish-Edition/dp/8478336702

INTRODUCCIÓN de Robert Crumb
    Phoebe me pidió que escribiera esta introducción y le respondí que "encantado". Y realmente lo estaba, porque me apasiona su trabajo y me alegro mucho de que esté a punto de publicarse este pedazo de tomo recopilatorio, pero lo cierto es que a la hora de ponerme a hacerlo lo pasé fatal. Voy a confesarlo: la verdad es que soy como cualquiera de los tíos despreciables que aparecen retratados en estas historietas. Yo también deseé a la joven artista, dibujante en ciernes, desde el momento en que la conocí, cuando ella tenía 16 ó 17 años. Yo también deseé someter a esta bella y animosa muchachita a todo tipo de actos degradantes y pervertidos. La única diferencia fue que yo nunca fui más allá de llevarla a caballito. ¿Y por qué? ¡Porque soy un tío demasiado majo! No supe convertirme en un manipulador maquiavélico, como todos esos tipos. Me sentía demasiado culpable como para hacer algo así. Pero en el fondo ... ¡cuánto deseaba a la joven Phoebe! ¿Me la chupó en algún momento? ¡Ni una vez! ¡Nada! Volvía a casa sintiendo pena de mí mismo, como de costumbre. (¿Acaso no somos horribles los hombres?) Yo era un tipo agradable, decente, y tenía una conciencia, o al menos eso me gustaba pensar. Mientras, la artista y protagonista de estas historietas era manejada, camelada, engañada e intimidada para que se entregara por entero, inmaculada, inocente y maravillosa, a un canalla integral; y a continuación, tal y como ilustran estas historietas, a una serie de imbéciles, gilipollas, delincuentes y cerdos asquerosos. Joder, ¡ella era guapísima! ¡Una de las mujeres más impresionantes que he conocido! (Y sigue siendo guapa ¡Es increíble descubrir a través de sus cómics que ella no tenía ni idea de lo atractiva que era!) Recuerdo perfectamente la noche en la que la conocí en un bar de la calle Polk de San Francisco. Estaba con su madre. Habían venido a escuchar a mi grupo, los Cheap Suit Serenaders. No sólo su aspecto era perfecto. Sus ojos brillaban con una intensidad inaudita. Revelaban que estaba a punto de estallar, de quemarse. Era silenciosa, pero parecía una dinamo que irradiara una especie de energía difícil de transmitir al mundo de un modo "normal". No es de extrañar que se haya convertido en una artista tan potente. Me alegré por ella cuando supe que estaba haciendo cómics autobiográficos, ¡qué mejor modo de canalizar toda su fuerza interior! Phoebe es auténtica; es una artista que se ve obligada a llevar a cabo su trabajo para evitar explotar o desintegrarse. Eso está clarísimo. Es algo que se ve en su mirada.
    Cuando era una dibujante novel adolescente, Phoebe admiraba mis cómics y los de mi compañera, Aline Kominsky. Para ella éramos una especie de héroes en forma de dibujantes alternativos. Después me confesó que soñaba con escaparse de casa ¡para irse a vivir con nosotros! Siento decir que no hubiera sido una buena idea. Me habría portado mal. No habría sido capaz de resistirme. Hubiera sido desagradable para todos, y una desilusión para la pequeña Phoebe. (La llamábamos "pequeña Phoebe" porque su madre también se llamaba Phoebe.) Ahí van más datos sobre ella: es una mujer muy dura, física y mentalmente. Tiene la cualidad de ser indestructible. Ha sobrevivido a una juventud que hubiera acabado con más de uno. Lo ha superado todo y aparentemente sigue fresca, lúcida, saludable y plena. Supongo que posee unos genes excepcionalmente buenos. Quizá tenga algún problemilla de autoestima, pero en general parece estar hecha para aguantarlo todo. Se recupera ... de cualquier cosa. No puedes evitar asombrarte frente a una persona como ella.
     Además, es una profesional consumada de la ilustración médica. Si creéis que para eso no se precisa mucha autodisciplina, ¡intentadlo alguna vez! Creo que es gracias a dicho trabajo como se gana la vida principalmente, ya que pone tanto mimo en sus cómics que terminar una página le debe llevar la tira de tiempo, imagínate una historieta entera ... Es imposible vivir de ello. Esta es, en parte, la razón por la cual no ha sido una artista de cómics demasiado prolífica. Sin embargo, considero que su historieta "El tercer amor de Minnie o Pesadilla en la calle Polk" es una de las obras maestras del cómic de todos los tiempos ... ¡De lo mejorcito!

Febrero, 1998 P. D. Perdona, Phoebe, por contarle al mundo -y a ti- cómo te deseaba. Era el único modo de escribir acerca de tu trabajo con sinceridad. Tenía que decir la verdad o callarme. No soy capaz de separar las cosas. No he podido dejar de lado mis sentimientos hacia ti, por vergonzoso que resulte para todos ... O tal vez sea que no me ha dado la gana ...

Prólogo. Phoebe Cloeckner:
    Cuando empecé a dibujar cómics tenía alrededor de 16 años, y nunca pensé que este libro se fuera a publicar. Era algo totalmente secreto. Dibujaba en mi habitación, recostada en la cama, y si alguien se acercaba, escondía los cómics y sacaba un dibujo "tonto" para que nadie supiera lo que estaba haciendo.(Sigue sin gustarme que se sepa lo que hago.) Uno de aquellos primeros trabajos que hice a escondidas es "Ella es Mary la menor", recogido en este álbum.      Unos años después, cuando comencé a conseguir que mis historietas se publicasen, me las arreglé para convencerme a mí misma de que aquello estaba bien, de que yo no era una persona "mala" por publicar mi "vergonzoso" trabajo. Al fin y al cabo, ¡apenas nadie lo vería! La eclosión hippie había quedado atrás hacía tiempo, y el "renacimiento del cómic" de mediados de los ochenta no había cogido fuerza todavía. De hecho, los "comix" estaban mal vistos; se consideraban algo desfasado, un desagradable producto de la era "hippie guarra". No me importaba. Después de todo, yo nunca he sido una hippie, y cuanto más injuriosos eran los cómics, más segura estaba de que mi trabajo se correspondía con lo que yo quería que fuera, o con lo que yo era capaz de hacer. Para bien o para mal, personales o no, pocos los leerían. (Aunque admito que pensar en aquel reducido grupo leyéndolos era bastante emocionante.)

   Yo no me relacionaba mucho con dibujantes. Estaba estudiando ilustración médica. Mi abuela era médico, y me encantaba leer sus libros de medicina cuando era niña. Para mí fue realmente natural desarrollar un interés por el arte médico. Muchos de mis dibujos lo reflejan.
   Durante mis estudios, estuve rodeada de aspirantes a doctores y "excelsos artistas". Casi ninguno de ellos tenía el más mínimo interés por los cómics, ni siquiera sentían respeto por el medio. Si me sorprendían dibujando tebeos, cuando no estaba estudiando para un aburrido examen de neurología o diseccionando cadáveres (solía llegar a casa con pedazos de grasa empapada en formol en el pelo), lo veían como una rareza que podían perdonar.
   Los trabajos comprendidos en este libro abarcan aproximadamente veinte años. Sin embargo, realicé la mayoría durante los últimos cinco. Algo ha cambiado dentro de mí. Ya no siento la necesidad de esconderme. Ese sentimiento se ha visto superado por mi deseo de llevar a cabo el trabajo que me interesa. Ahora incluso tengo amigos que son dibujantes. Supongo que ese cambio se debe a que me he demostrado a mí misma que, de algún modo, soy capaz de funcionar normalmente en sociedad. Después de varios intentos de matrimonio y de una serie de fracasos -absentismo escolar y expulsiones de colegios- conseguí acabar los estudios y formar una familia estable. En fin, espero que así sea ... Soy muy consciente de que una no puede estar segura de nada. Siempre espero lo peor, al mismo tiempo que mantengo una leve (y secreta) esperanza de que suceda lo mejor.

Una última cosa: en realidad nunca he padecido pénfigo vulgar.
-Phoebe Cloeckner, Oakland, California, mayo de 1998

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Lucille (comic anorexia)

"Estúdiame tanto como quieras: no me conocerás, porque difiero en cientos de cosas de la forma en que me ves. Ponte tras mis ojos y mírame como yo me veo, porque he decidido habitar en un lugar que no puedes ver." Rumi




Lucille protagoniza un personaje del cómic de Ludovic Debeurme. 544 pag. 
(Norma Editorial).
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2007/06/lucille-vol-1-ludovic-debeurme.html
http://libros.fnac.es/a245365/Ludovic-Debeurme-Lucille

"La comida a la que doy vueltas
en la boca sabe a hierro...
a muerte...
Te la escupo en la cara, mamá.
De noche tengo frío...
Querría dormir para siempre...
que el sueño me llevara.
Pero despierto y
tengo que empezar de nuevo...
Alimentarme para sobrevivir,
cuando cada bocado es un suplicio.
Veneno en mi garganta.
Quiero estar vacía...
Ligera...
La comida me hincha...
Su peso en el estómago me repugna.
Tengo que purgarme las entrañas,
reducir esta carga que me pesa...
Volverme frágil...
Endeble... irme volando..."

Muchas personas viven situaciones que se parecen en parte a las de Lucille. No sé qué decir... ni cómo escribir. Mi mente se queda en blanco, como hipnotizada por un halo de tristeza y cansancio.

Querer evaporarse, desaparecer poco a poco, convertirse en pequeño plumón blanco y salir volando de esta vida.

Puede que te recuperes algún día, pero la cicatriz quedará junto con su dolor, y su costra, agarrándose poderosamente con brazos de acero, con más fuerza de la que jamás podrás disponer o reunir, no caerá nunca.
Nunca. Su costra seguirá molestando y siendo visible. Nunca se irá. No caerá nunca, jamás lo hará.

Con "suerte", podrás volver a ser una persona -otra más, simplemente-, para vivir con ese estigma doble, público y privado, incomprensible y desafortunado.

Me follo a Rapunzel

"No te doblegues. No te licúes. No trates de hacerlo lógico. No modifiques tu propia alma según la moda. Mejor, sigue sin piedad tus más intensas obsesiones" (Franz Kafka)

   Incluso una tristemente enferma Rapuncel, merece el aprecio del deseo sexual. Podrá o no ser considerado el deseo de una persona obsesa, porque la grosería de la expresión da pié para opinar así. Si yo digo "me follo a Rapuncel" en un contexto adulto de temperatura elevada, de copas (no de borrachera, que  sería otra opción), de risas y ambiente propiciatorio, de diálogo como digo, maduro, probablemente no tendría mayor trascendencia la expresión.

    Un niño, en un ambiente diferente, en cualquier otro tipo de circunstancia, también podría decir las mismas palabras.
     ¿Qué importancia deberían tener? ¿Cómo puede un padre o una madre reaccionar ante una expresión así de su hijo? ¿Rasgarse las vestiduras sería lo propio? ¿Lo sería el castigo? ¿Lo serían unas palabras con tono de voz más sereno que serio? ¿Cuáles serían esas palabras? ¿Mejor el castigo? ¿La indiferencia en espera de la repetición?

Yo, sin permiso de Rapuncel, me voy a la peluqería a que me follen el bolsillo con la subida de IVA.