jueves, 12 de abril de 2012

La habitacion 508

"Un escritor no desea el camino de la mayoría sino, obstinadamente, sólo su propio camino; no quiere correr con la manada y adaptarse, sino reflejar la naturaleza y el mundo en su alma, experimentándolos con imágenes frescas. No está hecho para la vida en común, sino que es un rey solitario en un mundo de sueños de su propia creación" Hermann Hesse

Oscar ocupa cierto espacio en una habitación de la quinta planta del edificio donde ahora vive. Y no puede salir de allí, ni le gusta estar dentro pero, le sobra espacio, a pesar de todo. Ahora mismo es esto, lo que pasa por su mente:
(para que-para que-elegimos sentir para que-para nada-para sentir el confort de una risa y también la emoción más simple-la de las lágrimas por una canción-pero dejamos pasar un regimiento de añadidos-desagradables-mierda-dolor puro y duro-tristeza en un pozo sin fondo-loca alegría-éxtasis de locura-vacío-miedo-hastío-para que-para nada-para que-para nada-)
En la ventana de la habitación 508, alguien puso alambres de espino retorcido, como en la guerra, cerca de la trinchera (para sentir qué-nada-habrás tú estado en alguna guerra-gilipollas llorón) donde se resguardan los soldados de la metralla. Es un decir. No tiene más púas ni está más retorcido que una espiga de trigo (campo de mierda pura-trigo duro-dolor puro-desiertos de un alma sin vida-alma vacía).
Algún supersticioso dejó de poner el número 508 en la habitación y, caminando por el pasillo de la quinta planta, podemos pasar de la habitación 507 a la 509 sin encontrar su puerta (porque estoy aquí-me tienen como a un loco-yo no estoy loco). Pero la habitación existe (pensarán que lo mismo me tiro por la ventana-yo no haría eso-para eso me tiraría por el hueco de las escaleras de la facultad de farmacia-allí tienen 5 pisos y un fuerte enrejado entre la planta 1 y la de sótano-por si se te cae alguna prenda de la colada-y sería muerte escandalosa segura: "quedó como la carne picada" o "la rejilla hizo de tamiz separando carne y vísceras del esqueleto" o "parecía un bistec a la parrilla"-habiendo muertes tan dulces-para qué más dolor-para qué dar trabajo-llamar la atención para que-para naaaada) y allí está Oscar, como veis, a su (puta) bola, con su mente dando vueltas sin parar. Por este motivo ingresó en la quinta planta del hospital.
La enfermera acaba de entrar con la medicación. Lleva unas cuantas pastillas en una mano (añade que están dentro de sus correspondientes envases, que eso es importante ¿Imaginas? el sudor y las bacterias de todo lo que haya sobado la señorita esta vas tú y hala, pa' dentro que lo que no mata engorda) y un vaso de agua no, porque eso ya está (pero de cartón, pa' que no pueda cortarme) en la mesilla de Óscar. Llama a la puerta y seguidamente corre el pestillo y entra sin esperar respuesta alguna (si, con dos cojones, y si estoy aquí... qué se yo, haciendo algo privado -¿con quien?- con... conmigo mismo, como que no quiero que nadie me vea, por ejemplo, cortándome o arañándome o golpeándome). Da los buenos días, ofrece una sonrisa, pregunta "como estamos hoy" espera a que trague las pastillas (su mirada parece tratar de averiguar algo, pero no sé, siempre me equivoco cuando necesito ayuda -EEEPSS!!- acabas de reconocer que necesitas ayudaaa, majete, ¿qué? ¿noooos vamos convenciendo de que no podemos seguir así?)
-Bueno, estoy así así, me molesta esto, me duele la garganta. - La sonda nasogástrica
-Claro, Oscar, llevas una semana con la sonda. - Oscar retira su mirada y la baja hacia sus brazos. Le gusta ver cómo los tendones se resaltan bajo su piel. Comprueba que sus huesos se marcan en sus rodillas. No quiere alimentarse, le obligan con la sonda.
-Pues me vais a poner peor con esta mierda de sonda. -Se siente como un elefante de hojalata con una trompa de plástico. Como un loco marginal a quien el mundo lleva la contraria como si no tuviera mejor cosa que hacer. Todo le da igual. No valora los cuidados y atenciones creyendo que sólo buscan fastidiarle.
-Bueno, no te agobies, luego pregunto y si se te está irritando la zona quizá haya que ponerte la alimentación parenteral durante un tiempo 
-Jooodeerr
-A ver, ya estás un poquito recuperado y...
-Estoy como una foca entre unas cosas y otras, y no poder mover...
-Ya sabes que gordo no estás (no, claro, tú qué sabrás lo que siento ... -ostias- tiene razón -lo que estoy es como un cencerro-) y a ver si no pones esa cara de malhumor, hombre, ya verás cómo vas mejorando poco a poco. 

Escucha a Encarna, la enfermera. Oscar llegó al hospital por decisión judicial ante la solicitud de su psiquiatra. Tiene ratos en los que escucha, se deja llevar y trata de colaborar. Parece que de pronto se da cuenta de su situación, del dolor que causa a su familia, de lo cansado que está de esta situación y de lo fácil que le parece salir de ella. Pero ya lo ha intentado antes. Abandona su medicación y vuelve a recaer. Así es en ocasiones la anorexia nerviosa, una obsesión compulsiva que se apodera de la mente y destruye el cuerpo. Una  guerra civil que solo termina cuando la mente mata al cuerpo y caen ambos, pero que en ocasiones disfruta de treguas más o menos prolongadas, sobre las que se proyecta permanentemente la sombría y estilizada figura del trastorno.