sábado, 10 de noviembre de 2012

Recuerdos y sensaciones


Últimamente echo de menos a alguien con quien ya no tengo apenas contacto...
Me cansé de tanta coz y ... creía que eso nunca podría pasar.
Siempre he creído en las casualidades y en las causalidades, así es la vida.

La primera vez que supe de ella fue a través de mi chico y del parchís online. Dicharachera, inteligente, y un día zas.... pide para su cumpleaños una pistola para matar a su tío, que ha abusado de ella y la violó cuando era pequeña. "No se lo digas a nadie.", pero mi chico se quedó a cuadros y me lo contó. Y yo, que me meto en todos los berenjenales, entré de lleno en su vida. Me di por entera en todas mis posibilidades: emocionales y materiales, pero está claro que sólo me dejó entrar hasta donde ella quiso. Aunque en eso somos todos parecidos... en lo de guardarnos cierta intimidad.

Durante varios años he aprendido mucho de ella y de mi. He tenido alegrías, penas, dudas, una mezcla de muchos sentimientos, de idas y venidas, de encuentros casuales y... causales.
Hay días que me levanto pensando en cómo la irá, cómo se sentirá, si habrá logrado deshacerse de tanta carga, si se habrá encontrado a sí misma y habrá puesto a cada uno en su lugar, si todo fue cierto

¿Fue cierto? Muchas veces recé para que no fuera cierto, aunque sé que sí lo fue. Y aunque no todo lo que me contaba a mi coincidía con lo que le contaba a otras personas, no fue eso lo que me alejó de ella.
Fui yo la que me cansé de tantos desencuentros, los desaires, de sus juegos psicológicos como si jugáramos al ratón y al gato. Me sentí manipulada y aun con todo eso, la echo de menos. Pero ya no la llamo ni la escribo.

Deseo que la vaya bien, que no se destruya, deseo...

A veces siento que nada de lo que hice sirvió para algo. Que no la serví de nada. A veces creo que rellené espacios en su vida o ella en la mía .... Amiga, porque te quiero, amiga.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Humanidad, Hiroshima, Nagasaki.


El ser humano parece dividirse básicamente en dos clases.

Una clase lleva la sensibilidad como argumento y, o bien da frutos en el campo del arte, o bien es capaz de alimentarse con ellos. Digamos que estos frutos además, pueden resultar agradables, sabrosos y dar lugar a todo tipo de situaciones pero también pueden atragantarse, disgustar e incluso causar la muerte a quienes los toman y a quienes los producen. Estos seres humanos son como flores menudas, como brotes de vida repartida a lo largo de una pradera.

"Arte" es un concepto de difícil definición y no viene al caso; se sale de esta pequeña meditación.

La otra clase de ser humano es el peor de los males, el cáncer más profundo que devora el planeta tierra, el motivo principal del fin mismo de la especie. Su condición esencial permanece oculta, resguardando el frío de su cuchillo, conservando el fuego que impulsa la bala, usando la todopoderosa fuerza universal de los números y es una clase de ser humano cuyo pie va dentro de la enorme bota que pisa aquellas pequeñas flores del prado.

El científico que tuvo una idea y quienes subvencionaron la investigación del átomo al saber de su poder destructivo. Los colaboradores, los que engañaron a quienes querían ser engañados, los trabajadores de las fabricas de bombas. El que manipuló química, virus y gen. Los hombres "libres", llenos de poder, con el bolsillo repleto como resultado del peor reparto posible de la riqueza de todos, que por el bien de unos masacraron a los otros sin preocupación ni remordimiento alguno.

Imaginemos para cada uno de los responsables de que aquella masacre atómica, una fila con cientos o miles de hombres, mujeres, niños y animales. Con sus bebés, sus mujeres embarazadas, niños y niñas de corta edad, adolescentes, adultos, ancianos... y pongamos en manos de sus salvajes asesinos un cuchillo y una piedra de afilar. Que cada uno de esos criminales, quite la vida a todo ser vivo que se le acerque por turno y sin moverse de su sitio. Que se le acumule la sangre y la muerte a los pies. Como esto es poco para ellos, pongamos en sus manos hachas para talar árboles, martillos para tirar muros, fuego para quemar los campos y lo que pueda quedar con vida. Que vuelvan a sus casas estas bestias: monstruos es mejor nombre. Que vuelvan al confort de sus casas. Que regresen al lado de sus familias y cuenten allí todo lo que han estado haciendo. Que sus vecinos escuchen aquello y se rían y feliciten juntos, con palmadas en los hombros, con abrazos. Que celebren la fuerza de su brutalidad. Que disfruten de la venganza, del ojo por ojo por la muerte de sus soldados a manos de otros soldados. Nada mejor que destruir toda vida y obra civil del "ser humano enemigo" como pago por las bajas militares, y cuanta más muerte y destrucción más claro el mensaje.

¿He dicho algo que sea falso? ¿He distorsionado la realidad?
¿Quién es más peligroso con un arma atómica en sus manos? ¿Quien ya la usó una vez? ¿Quien las explosiona para darse el gusto de probarlas? ¿Quien quiere fabricarlas? ¿Quienes callamos mientras todo esto sucede?

La realidad siempre supera toda ficción. Ya sé que todo lo dicho son palabras inútiles. Los criminales nunca conseguirán tener razón de esta manera. No podrán ofrecer algo a cambio   a sus víctimas aunque se arrepientan, porque para empezar, las víctimas nunca pidieron nada. He llorado en diferentes ocasiones por la destrucción brutal de la vida en Hiroshima y Nagasaki. Lo que peor llevo es que no comprendamos nada, que los jóvenes no sepan casi nada de las guerras pasadas, que todo siga igual, que olvidemos, que incluso todo empeore: gran crisis, gran guerra ¿Somos más grandes si somos capaces de fabricar bombas más grandes? Pues ahora somos más grandes que nunca ¿Del lado de quién quieres estar? Yo no quiero ser masacrado ni quiero que lo hagan a nadie en mi nombre.


Para poder acercarse a una comparación entre la bomba soviética TZAR hay que utilizar dos gráficos como el anterior, donde la bomba Bravo es la mayor, inmensa, seguido del siguiente donde esa bomba inmensa es aún pequeña al lado de la TZAR (lo mismo me da que sea norteamericana que francesa, china, inglesa, pakistaní, india o iraquí) Bravo, menudo nombre, con guasa. Hay que rodear las guerras de nombres atractivos, Tormenta del desierto, Operación Masher (que significa "aplastador"), Amanecer de la Odisea, Lluvia de verano, etc. Meteos las palabras rimbombantes por el culo, monstruos malnacidos. Dejad de ensuciar las palabras, todo lo que tocáis lo convertís en porquería.

jueves, 4 de octubre de 2012

Debbie Drechsler - La muñequita de papá

En esta ocasión, necesito anteponer a este post, el gran acierto del comentario que realiza Manuel Barrero, porque explica con mucha claridad todo lo que yo no he sido capaz de explicar bien porque me pierden los sentimientos, bien porque no tengo el criterio o los conocimientos suficientes.

"EL FIN DE LA INFANCIA", comentario por Manuel Barrero

    La muñequita de papá, es uno de esos tebeos que deberían saltar a los medios, ser distribuidos en Concejalías y Delegaciones, arropados por los Ministerios y poblar los estantes de las librerías generales pues, por su tema, salta por encima de las ataduras culturales y de apreciación que ciñen al cómic en España. En pocas páginas, Drechsler delimita el horror doméstico del abuso de menores y representa con atonía una América cuya adolescencia parece abocada al desamparo. (...)

... “Visitors in the Night”, primera historieta de Debbie Drechsler sobre las desventuras de la niña Lily, propone un escalofrío y un hecho gráfico muy significativo: en la segunda página, el padre de la niña introduce su pene en la boca de su hija y eyacula. Lo brutalmente explícito de esta representación gráfica produce una fuerte indisposición y bastarán un puñado de viñetas más para describir una infancia arrasada por la degradación. El hecho significativo alude a la evidencia de que en el ámbito de los medios visuales sólo en historieta podría aventurarse un creador a ser tan explícito (resultaría inmoral el uso de modelos o actores infantiles, y también fuera de toda ética mostrar este cuadro en animación o videojuegos). Esto convierte al cómic en un medio distinto, con otras posibilidades de representación de las que otros carecen o no pueden usar, y por ello al mismo nivel que el resto. Una constatación capciosa, quizá, pero en la que hay que seguir insistiendo.

    Evidentemente no hablamos de una historieta pornográfica. El incesto es dibujado aquí como denuncia y nunca un acto sexual estuvo más lejos de la excitación. Drechsler, que plantea La muñequita de papá como una estructura autobiográfica, no vuelve a mostrar tan abiertamente los abusos del desalmado padre y dedica el resto del libro a las secuelas de la infamia. En este sentido, resulta abrumadoramente sólida su propuesta, y es así pese a que las historietas que siguen, centradas bien en una mascota de Lily, bien en su diario, ora en la integración con sus amigos ora en una relación amistosa con otra chica… no parecen querer buscar una solución moral, ni siquiera un desenlace confortador. No son ni capítulos de una vida agrisada y vacía, son sólo momentos de tristeza.

    Con esta estrategia, la autora quiere construir una suerte de antirrelato, hermoso en su simplicidad y turbador por los escenarios en que transcurre (con esa textura y atmósfera de los grabados). Cada entrega de este relato truncado está a su vez truncada, y la frustración que produce en el lector sirve perfectamente para ilustrar el naufragio que vive Lily, presa de un sentimiento de culpabilidad que degenera en zozobra y enfermedad. 


Pero el estremecimiento no acaba ahí. En las primeras historietas el foco de maldad se detiene en el padre y se espera una solución para la degeneración de la niña, pero en siguientes entregas Drechsler dibuja a una madre distante y fría, que conoce los abusos de su marido hacia su hija y opta por ignorarlos y culpar a Lily de su matrimonio roto. La acusa de ególatra y se entromete en su intimidad, y eso alimenta más aún la sensación de culpa de Lily, que trata de paliar la angustia con la comida o con el refugio en las drogas o en el sexo por el sexo.
    Drechsler está dibujando algo más que un retrato de amoralidad. Está describiendo una realidad invadida por la crueldad y los monstruos, pues eso son el padre y la madre de Lily; está también pintando (a veces parece que con la estética del simbolismo torturado de Klinger antes que con la del discurso naïf) una juventud demolida y sin alicientes. En definitiva, está dibujando la infancia estadounidense del desarraigo y el desamor. Pasa muy por encima, sí, de aspectos puntuales pero de importancia capital, como: la incomunicación en el seno de la familia, la obesidad incontrolada de los niños, la venganza sobre los hijos aplicada a causa de las frustraciones a las que lleva el fracaso social, el matrimonio caduco por la ausencia de sexo, la vergüenza del propio cuerpo, la fascinación por los outsiders y las drogas. La propia Lily no lo puede sintetizar con más claridad: «mi vida, un desperdicio». Drechsler sobrevuela estos temas sin inmiscuirse en ellos, pero no pasan desapercibidos para el lector avispado, como también nos percatamos de las peculiares resoluciones mediante planos abatidos, animales mal dibujados –quien identifique a los ciervos de la pág. 73 que levante la mano– o miembros deformados, todo ello característico del dibujo infantil. Esto hace de Debbie Drechsler, aparte de una interesante ilustradora infantil, una estupenda historietista.
    En la historieta parece que se va camino de soluciones, mediante el amor redentor o mediante el suicidio como enmienda final, o por los relatos abruptos que al menos no plantean un final infeliz. Pero todos sabemos que lo será y nos sentimos como Lily cuando es violada en el bosque: paralizados por la certeza de que no hay escape, con la atonía presidiendo la banda sonora de estas vivencia abrumadoras. Esto lo hace un magnífico tebeo.
    La educación mal llevada, dice nuestro filósofo José A. Marina, provoca dos grandes males: «en el campo privado, la desdicha, y en el público, la injusticia». De ahí que parezca aconsejable la existencia de tebeos como éste. Más y mejor distribuidos. Y más leídos. Al igual que Drechsler denuncia el silencio sepulcral que reina en los EE UU sobre los abusos a la infancia y su juventud desintegrada, otros podrían denunciar más “gráficamente” –ya que tan necesario parece ser llamar la atención de narcotizado espectador de hoy– el drama de las sistemáticas violaciones que se siguen viviendo hoy en día en África, en la Amazonia o en la misma capital de México. O la esclavitud femenina en casi todo Oriente. O la violencia sexual en cualquier sociedad occidental. O el uso inmisericorde de la infancia como mano de obra barata. O algo, en fin.

Gran libro de cómics, cuyo único defecto es que se publica tarde en español."



Es que, desgraciadamente, el mundo está plagado de cerdos. Sólo esta portada me hace suponer el cómic completo. Mi loca idea de que algún día los hombres serán innecesarios y desaparecerán de la faz de la tierra, me vuelve una y otra vez a la cabeza. Todos los hombres son unos cerdos. ¿Todos no? No, todos no. Me pongo en plan aniquilación y exterminio, que paguen todos la culpa de demasiados.

Leer comics con historias horribles en imágenes muy especiales puede parecer algo morboso. A mi no me beneficia en nada y, si alguien se excita leyendo éste comic o el de Phoebe Gloeckner, pues ojalá se pudran en un torbellino de sufrimiento con el peor conjunto de enfermedades habidas y por haber. Escupo en su cara. No me beneficia, pero destapa la cruda realidad que me resulta imposible de concebir. ¿Cómo puede haber hombres, incluso padres, como éste? Pero es que, por si fuera poco el daño físico, este tipo de bestias, maltratan sicológicamente a sus víctimas clavando en sus almas semillas de odio, de dolor, de un sin fin de cosas negativas que crecerán dentro, sin duda, y echarán raices.

Las razones para escribir estos comics, que parecen rebasar las líneas del buen gusto y la moralidad, pues dependerá mucho de quien sea su autor. Desde luego cuando repasé por encima el de "Vida de una niña" de  Phoebe Gloeckner, me extrañaron los diferentes estilos de dibujo dentro del libro. Esto se explica teniendo en cuenta que los trabajos los hizo a lo largo de 20 años y, teniendo en cuenta que Phoebe no es una artista prolífica, queda claro que simplemente estaba sacando de dentro el horror vivido. De alguna forma debía gritarle al mundo lo sucedido y de nada sirve ocultar el pene de su padre, las palabras y escenas más repugnantes y todo lo demás, porque es así como suceden  estas cosas, a veces entre caricias, susurros y palabras bonitas de padres pervertidos, a veces a lo bestia y sin contemplaciones, con violencia, borracheras, drogas... de padres o padrastros, amigos de los padres que cuidan el fin de semana de los hijos  ajenos, a manos de abuelos, de hermanos, todo "ser humano" vale ¿Porqué edulcorar la realidad?. Esos "hombres" tienen un aparato genital hinchado, puede que incluso sucio y maloliente. Póngase -si es usted capaz- tras una ignorante mirada infantil que poco sabe de sexualidad y menos de bestialidad o abuso y uso de fuerzas físicas y psicológicas. Supóngase usted cómo serán vividas las relaciones de este ser aún por construir de cara al futuro y sus grandes desafíos.

En realidad, Debbie, que también sufrió abusos sexuales, ha dibujado básicamente su vida, también sin tapujos. "Summer of love" retrata la fase de su adolescencia. El resto de trabajos que ha llevado a cabo, para ilustrar a guionistas. También queda claro porqué realizó este cómic. Esta foto es poco favorecedora, pero la imagen que tenga es totalmente indiferente. Si alguien quiere saber de ella, que entre en este blog suyo:

 http://debdrex-drawing.blogspot.com/
O en este otro blog, suyo también. http://naturesketchers.blogspot.com/
Ahí se puede ver una extraordinaria sensibilidad y gusto por la naturaleza. El cómic "La muñequita de papá" visualiza el sexo de su padre antes de llevarlo hasta ella. Esto sucede así en la vida, y por más crudos que quieran ser los dibujos, inevitablemente suavizan en extremo la realidad, demasiado dura para verla. De las razones de los demás para entrar entre las páginas de cómics ASI, no puedo hablar. No estoy dentro de sus cabezas. Yo busco referencias, quiero saber qué cuentan para tratar de aclarar un poco el laberinto de mi cabeza. Quiero saber si, como yo, estas personas también decían una cosa y sus sentimientos y pensamientos otra. Y en "Summer of love" he visto que sí. Los problemas de Debbie en la adolescencia tienen cierta similitud. Busco esos detalles, procuro saber cómo han podido sobrevivir, si una persona abusada sexualmente en su infancia puede diferenciarse de otra, si a esa persona le delatan sus gestos, sus reacciones. Quizá no sepa explicarlo... seguramente no sé. Creo que nada diferencia un adulto de otro con este pasado. Conozco muy de cerca a quien no vivió abuso sexual pero sufrió el abandono, el hambre, la soledad y falta de cariño en la infancia, y es mujer, y se creía débil y resultó ser fuerte. Eso no quiere decir que no tenga su pesar, sus heridas, su dolor y sus momentos peores.

Yo no sé si tengo una paranoia o realmente todo se debe a lo sucedido en la infancia. Dudo si mi mente ha sido enferma desde la infancia y realmente nada tuvieron que ver los pocos abusos sufridos.
- ¿Y qué pasaría si descubres que no tiene nada que ver? .- preguntó la sicóloga.
- Que no querría seguir viviendo .- respondió el paciente.

Este dibujo de Phoebe Gloeckner,  me habla, además del daño sicológico, de lo físicamente brutal que debe ser introducir el pene de un hombre maduro en la boca de una niña. Si lo hace un padre o padrastro peor aún. Si la madre lo aprueba... hay tantas variantes en cada familia... Phoebe podría haber dibujado otra cosa, pero lo que sucedía realmente, era esto. Otra de las coincidencias que he encontrado es la duda constante que se tiene de la propia persona, de la constante autocrítica y el autocastigo. Demasiado mirarse el ombligo, ya lo sé. Pero así transcurre muchas veces la vida en personas así, dudando de si lo que se hizo estuvo bien o no, de si se ha formado una familia de acuerdo con las normas para demostrar algo (que somos iguales a los demás, por ejemplo) o porque eso está bien y nos  ayuda, o porque a fin de cuentas todos tenemos un pasado y unas historias que contar y callar.




Encontré en tebeosfera un amplio estudio sobre Debbie y Phoebe y sus obras.:

Para quien quiera descargarlo, en PDF pulsa AQUI




domingo, 30 de septiembre de 2012

Poema lesivo de una mente perturbada (autolesiones)

Self harm poem
"Me gustaría poder cerrar los ojos y ser soplado en polvo y en la nada; sentir todos mis pensamientos dispersarse como pelusa de diente de león a la deriva en el viento". Lauren Oliver

¿Cómo quieres que no me autolesione? Ayer desperté sin sueño a las 4. Esta noche eran las 3 y media. El otro a las 5. Mi mente estaba fresca, lista para trabajar, para centrarse, hablar, cualquier cosa menos dormir. Comencé a pensar. Empecé a sentirme hueco, triste, innecesario.

Estoy cansado de vivir. 
No sé qué es amar. 
No amo a nadie y no merezco 
ninguna clase de amor. 
Me odio. 
No puedo dar felicidad y 
no merezco ser feliz. 
Llevo la muerte lenta sobre los demás 
y cuanto más cerca 
más muerte, y, 
cuanto más tiempo, 
más lenta, y, 
cuanto más mueren, 
más me acerco a mi 
propia muerte cierta. 

Debo hacerme heridas. 
Cortar mi piel en tiras, 
quemarla despacio con soldador, 
golpear luego mis costillas, 
con nudillos que asorden su dolor. 
Y debo poner mi piel morada 
con vara de metal, 
encarnada, violeta, o con 
dura madera de nogal
verla granate y amarilla: 
piel maltratada, violada, 
quebrada, inflamada, 
incendiada e inocente 
como toda infancia: 
interrumpida. 

Soy un cobarde integral. 
Soy ese hombre que huye 
ante la mujer ideal. 
Soy un problema fatal 
soy una mujer yerta; 
una flor invernal, 
diminuta y vulgar. 
Soy una niña sin padre 
ni abuelo que le hable 
a un hermano que siempre estará, 
soy una chica con miedo, 
a la locura, al hombre sin sueños 
que pudo ser bueno, 
al hombre normal 
que pudo parecerlo en tiempos. 

No soy capaz de dar placer. 
No sé practicar mi sexo
Odio su puerca fealdad y
odio este pene caducado, 
su prominencia impertinente, 
su brutalidad primitiva, 
palpitante y explosiva, 
su orgullo adolescente y
ese pelaje permanente, 
sus órganos adyacentes y
su húmeda simiente, 
punto final de tanta pesadilla 
para mucha, muchísima gente. 

El sexo ajeno, menos aún. 
No sé dónde, ni cómo empieza, 
cuándo o porqué se termina. 
Me asusta tanto su oferta 
como me quiebra su indiferencia, 
su perfume o entraña tierna. 
No sé si será mejor amarlo, 
o si amar la carne deja, 
porque de amar yo algo 
amaría la nada a secas, 
o si la nada es algo 
ese algo sería mi queja. 

No merezco esta vida que me alimenta. 
No la entiendo. 
¿Porqué me tiene en cuenta? 
No sé porqué empezó, 
ni para qué sigo viviéndola, 
ni porqué mi madre lo permitió 
cuando no podía con ella, 
diciendo que no me quería 
sin haber nacido siquiera. 
Sin tener forma, 
sin conocer la luz apenas, 
sin sexo ni indecencia, 
sin mente ni demencia 
provocaba ya el llanto y 
el desconsuelo era mi oferta. 

¡ Qué no haré sufrir ahora 
a estos que me rodean ! 
¿Cómo quieres que no me autolesione? 
Si paso la noche en vela, 
torturando mi alma 
o lo que de ella queda. 
Si no sé hacer otra cosa 
desde que el sexo me detuviera, 
siendo niño, 
perdido entre el amor y la guerra.


"Aquí es donde estamos en este momento, como un todo. Nadie queda fuera del circuito. Estamos viviendo una realidad a partir de una fina capa de mentiras e ilusiones. Un mundo donde la codicia es nuestro Dios, y la sabiduría es el pecado, donde la división es clave y la unión hace la fantasía, donde se elogia la inteligencia impulsada por el ego de la mente, en lugar de la inteligencia del corazón." Bill Hicks
HURT - JONNY CASH


Traducción:
Me hice daño a mi mismo hoy, para averiguar si todavía sentía algo.
Me centré en el dolor, la única cosa que es real.
La aguja hizo un agujero, el viejo y conocido pinchazo.
Intenté matarlo, pero lo recuerdo todo.

¿En qué me he convertido?
Querido amigo mio, todos a quienes conozco, al final se van,
y podría haber tenido todo mi imperio
de basura.

Te defraudaré. Te haré daño.

Llevo esta corona de espinas en mi trono de mentiras
lleno de pensamientos rotos que no puedo arreglar.
Bajo las manchas del tiempo, desaparecen los sentimientos.
Eres otra persona más. Yo sigo aún aquí.

¿En qué me he convertido?
Querido amigo mio, todos a quienes conozco, al final se van,
y podría haber tenido todo mi imperio
de basura.

Te defraudaré. Te haré daño.

Si pudiera volver a empezar alejado un millón de millas,
me cuidaría más: encontraría la forma de hacerlo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Abusos Sexuales en la infancia

Sexual abuse in childhood.
"Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Te verás una y otra vez en situaciones casi imposibles. Intentarán una y otra vez por medio de subterfugios, engaños o por la fuerza que renuncies, te des por vencido y/o mueras quédamente por dentro.
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Y será muy fácil desfallecer. Pero que muy fácil. Pero no desfallezcas, no, no. Limítate a mirarlos, escucharlos ¿Quieres ser así? ¿Un ser sin cara, sin mente, sin corazón? ¿Quieres experimentar la muerte antes de la muerte?
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
Y mereces salvarte. No es una guerra fácil de ganar pero, si algo merece la pena ganar, es esto. Piénsalo. Piensa en salvarte a ti mismo. Tu parte espiritual. La parte de tus entrañas. Tu parte mágica y ebria. Sálvala. No te unas a los muertos de espíritu. Mantente con buen talante y garbo y al cabo, si fuera necesario, apuesta tu vida en plena refriega, al carajo las probabilidades, al carajo el precio.
Nadie puede salvarte sino tú mismo.
¡Hazlo! ¡Sálvate! Entonces sabrás exactamente de qué hablo."
Charles Bukowski

Cómic de Phoebe Gloeckner, titulado "VIDA DE UNA NIÑA"
http://www.amazon.com/Childs-Other-Stories-Spanish-Edition/dp/8478336702

INTRODUCCIÓN de Robert Crumb
    Phoebe me pidió que escribiera esta introducción y le respondí que "encantado". Y realmente lo estaba, porque me apasiona su trabajo y me alegro mucho de que esté a punto de publicarse este pedazo de tomo recopilatorio, pero lo cierto es que a la hora de ponerme a hacerlo lo pasé fatal. Voy a confesarlo: la verdad es que soy como cualquiera de los tíos despreciables que aparecen retratados en estas historietas. Yo también deseé a la joven artista, dibujante en ciernes, desde el momento en que la conocí, cuando ella tenía 16 ó 17 años. Yo también deseé someter a esta bella y animosa muchachita a todo tipo de actos degradantes y pervertidos. La única diferencia fue que yo nunca fui más allá de llevarla a caballito. ¿Y por qué? ¡Porque soy un tío demasiado majo! No supe convertirme en un manipulador maquiavélico, como todos esos tipos. Me sentía demasiado culpable como para hacer algo así. Pero en el fondo ... ¡cuánto deseaba a la joven Phoebe! ¿Me la chupó en algún momento? ¡Ni una vez! ¡Nada! Volvía a casa sintiendo pena de mí mismo, como de costumbre. (¿Acaso no somos horribles los hombres?) Yo era un tipo agradable, decente, y tenía una conciencia, o al menos eso me gustaba pensar. Mientras, la artista y protagonista de estas historietas era manejada, camelada, engañada e intimidada para que se entregara por entero, inmaculada, inocente y maravillosa, a un canalla integral; y a continuación, tal y como ilustran estas historietas, a una serie de imbéciles, gilipollas, delincuentes y cerdos asquerosos. Joder, ¡ella era guapísima! ¡Una de las mujeres más impresionantes que he conocido! (Y sigue siendo guapa ¡Es increíble descubrir a través de sus cómics que ella no tenía ni idea de lo atractiva que era!) Recuerdo perfectamente la noche en la que la conocí en un bar de la calle Polk de San Francisco. Estaba con su madre. Habían venido a escuchar a mi grupo, los Cheap Suit Serenaders. No sólo su aspecto era perfecto. Sus ojos brillaban con una intensidad inaudita. Revelaban que estaba a punto de estallar, de quemarse. Era silenciosa, pero parecía una dinamo que irradiara una especie de energía difícil de transmitir al mundo de un modo "normal". No es de extrañar que se haya convertido en una artista tan potente. Me alegré por ella cuando supe que estaba haciendo cómics autobiográficos, ¡qué mejor modo de canalizar toda su fuerza interior! Phoebe es auténtica; es una artista que se ve obligada a llevar a cabo su trabajo para evitar explotar o desintegrarse. Eso está clarísimo. Es algo que se ve en su mirada.
    Cuando era una dibujante novel adolescente, Phoebe admiraba mis cómics y los de mi compañera, Aline Kominsky. Para ella éramos una especie de héroes en forma de dibujantes alternativos. Después me confesó que soñaba con escaparse de casa ¡para irse a vivir con nosotros! Siento decir que no hubiera sido una buena idea. Me habría portado mal. No habría sido capaz de resistirme. Hubiera sido desagradable para todos, y una desilusión para la pequeña Phoebe. (La llamábamos "pequeña Phoebe" porque su madre también se llamaba Phoebe.) Ahí van más datos sobre ella: es una mujer muy dura, física y mentalmente. Tiene la cualidad de ser indestructible. Ha sobrevivido a una juventud que hubiera acabado con más de uno. Lo ha superado todo y aparentemente sigue fresca, lúcida, saludable y plena. Supongo que posee unos genes excepcionalmente buenos. Quizá tenga algún problemilla de autoestima, pero en general parece estar hecha para aguantarlo todo. Se recupera ... de cualquier cosa. No puedes evitar asombrarte frente a una persona como ella.
     Además, es una profesional consumada de la ilustración médica. Si creéis que para eso no se precisa mucha autodisciplina, ¡intentadlo alguna vez! Creo que es gracias a dicho trabajo como se gana la vida principalmente, ya que pone tanto mimo en sus cómics que terminar una página le debe llevar la tira de tiempo, imagínate una historieta entera ... Es imposible vivir de ello. Esta es, en parte, la razón por la cual no ha sido una artista de cómics demasiado prolífica. Sin embargo, considero que su historieta "El tercer amor de Minnie o Pesadilla en la calle Polk" es una de las obras maestras del cómic de todos los tiempos ... ¡De lo mejorcito!

Febrero, 1998 P. D. Perdona, Phoebe, por contarle al mundo -y a ti- cómo te deseaba. Era el único modo de escribir acerca de tu trabajo con sinceridad. Tenía que decir la verdad o callarme. No soy capaz de separar las cosas. No he podido dejar de lado mis sentimientos hacia ti, por vergonzoso que resulte para todos ... O tal vez sea que no me ha dado la gana ...

Prólogo. Phoebe Cloeckner:
    Cuando empecé a dibujar cómics tenía alrededor de 16 años, y nunca pensé que este libro se fuera a publicar. Era algo totalmente secreto. Dibujaba en mi habitación, recostada en la cama, y si alguien se acercaba, escondía los cómics y sacaba un dibujo "tonto" para que nadie supiera lo que estaba haciendo.(Sigue sin gustarme que se sepa lo que hago.) Uno de aquellos primeros trabajos que hice a escondidas es "Ella es Mary la menor", recogido en este álbum.      Unos años después, cuando comencé a conseguir que mis historietas se publicasen, me las arreglé para convencerme a mí misma de que aquello estaba bien, de que yo no era una persona "mala" por publicar mi "vergonzoso" trabajo. Al fin y al cabo, ¡apenas nadie lo vería! La eclosión hippie había quedado atrás hacía tiempo, y el "renacimiento del cómic" de mediados de los ochenta no había cogido fuerza todavía. De hecho, los "comix" estaban mal vistos; se consideraban algo desfasado, un desagradable producto de la era "hippie guarra". No me importaba. Después de todo, yo nunca he sido una hippie, y cuanto más injuriosos eran los cómics, más segura estaba de que mi trabajo se correspondía con lo que yo quería que fuera, o con lo que yo era capaz de hacer. Para bien o para mal, personales o no, pocos los leerían. (Aunque admito que pensar en aquel reducido grupo leyéndolos era bastante emocionante.)

   Yo no me relacionaba mucho con dibujantes. Estaba estudiando ilustración médica. Mi abuela era médico, y me encantaba leer sus libros de medicina cuando era niña. Para mí fue realmente natural desarrollar un interés por el arte médico. Muchos de mis dibujos lo reflejan.
   Durante mis estudios, estuve rodeada de aspirantes a doctores y "excelsos artistas". Casi ninguno de ellos tenía el más mínimo interés por los cómics, ni siquiera sentían respeto por el medio. Si me sorprendían dibujando tebeos, cuando no estaba estudiando para un aburrido examen de neurología o diseccionando cadáveres (solía llegar a casa con pedazos de grasa empapada en formol en el pelo), lo veían como una rareza que podían perdonar.
   Los trabajos comprendidos en este libro abarcan aproximadamente veinte años. Sin embargo, realicé la mayoría durante los últimos cinco. Algo ha cambiado dentro de mí. Ya no siento la necesidad de esconderme. Ese sentimiento se ha visto superado por mi deseo de llevar a cabo el trabajo que me interesa. Ahora incluso tengo amigos que son dibujantes. Supongo que ese cambio se debe a que me he demostrado a mí misma que, de algún modo, soy capaz de funcionar normalmente en sociedad. Después de varios intentos de matrimonio y de una serie de fracasos -absentismo escolar y expulsiones de colegios- conseguí acabar los estudios y formar una familia estable. En fin, espero que así sea ... Soy muy consciente de que una no puede estar segura de nada. Siempre espero lo peor, al mismo tiempo que mantengo una leve (y secreta) esperanza de que suceda lo mejor.

Una última cosa: en realidad nunca he padecido pénfigo vulgar.
-Phoebe Cloeckner, Oakland, California, mayo de 1998

Para ampliar info:

O si lo prefieres en PDF pulsa AQUI


lunes, 3 de septiembre de 2012

Lucille (comic anorexia)

"Estúdiame tanto como quieras: no me conocerás, porque difiero en cientos de cosas de la forma en que me ves. Ponte tras mis ojos y mírame como yo me veo, porque he decidido habitar en un lugar que no puedes ver." Rumi




Lucille protagoniza un personaje del cómic de Ludovic Debeurme. 544 pag. 
(Norma Editorial).
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/2007/06/lucille-vol-1-ludovic-debeurme.html
http://libros.fnac.es/a245365/Ludovic-Debeurme-Lucille

"La comida a la que doy vueltas
en la boca sabe a hierro...
a muerte...
Te la escupo en la cara, mamá.
De noche tengo frío...
Querría dormir para siempre...
que el sueño me llevara.
Pero despierto y
tengo que empezar de nuevo...
Alimentarme para sobrevivir,
cuando cada bocado es un suplicio.
Veneno en mi garganta.
Quiero estar vacía...
Ligera...
La comida me hincha...
Su peso en el estómago me repugna.
Tengo que purgarme las entrañas,
reducir esta carga que me pesa...
Volverme frágil...
Endeble... irme volando..."

Muchas personas viven situaciones que se parecen en parte a las de Lucille. No sé qué decir... ni cómo escribir. Mi mente se queda en blanco, como hipnotizada por un halo de tristeza y cansancio.

Querer evaporarse, desaparecer poco a poco, convertirse en pequeño plumón blanco y salir volando de esta vida.

Puede que te recuperes algún día, pero la cicatriz quedará junto con su dolor, y su costra, agarrándose poderosamente con brazos de acero, con más fuerza de la que jamás podrás disponer o reunir, no caerá nunca.
Nunca. Su costra seguirá molestando y siendo visible. Nunca se irá. No caerá nunca, jamás lo hará.

Con "suerte", podrás volver a ser una persona -otra más, simplemente-, para vivir con ese estigma doble, público y privado, incomprensible y desafortunado.

Me follo a Rapunzel

"No te doblegues. No te licúes. No trates de hacerlo lógico. No modifiques tu propia alma según la moda. Mejor, sigue sin piedad tus más intensas obsesiones" (Franz Kafka)

   Incluso una tristemente enferma Rapuncel, merece el aprecio del deseo sexual. Podrá o no ser considerado el deseo de una persona obsesa, porque la grosería de la expresión da pié para opinar así. Si yo digo "me follo a Rapuncel" en un contexto adulto de temperatura elevada, de copas (no de borrachera, que  sería otra opción), de risas y ambiente propiciatorio, de diálogo como digo, maduro, probablemente no tendría mayor trascendencia la expresión.

    Un niño, en un ambiente diferente, en cualquier otro tipo de circunstancia, también podría decir las mismas palabras.
     ¿Qué importancia deberían tener? ¿Cómo puede un padre o una madre reaccionar ante una expresión así de su hijo? ¿Rasgarse las vestiduras sería lo propio? ¿Lo sería el castigo? ¿Lo serían unas palabras con tono de voz más sereno que serio? ¿Cuáles serían esas palabras? ¿Mejor el castigo? ¿La indiferencia en espera de la repetición?

Yo, sin permiso de Rapuncel, me voy a la peluqería a que me follen el bolsillo con la subida de IVA.

jueves, 31 de mayo de 2012

La verdad de la Hipocresía, la Hipocresía de la verdad

"El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros"

Me he dado cuenta de que tanto interés por la verdad es lo más falso que hay.
Que denostada está la hipocresía por una verdad que nadie quiere oír ni reconocer..., la gente se rasga las vestiduras por la hipocresía de otros cuando somos de lo mas hipócrita que hay.
Y no me refiero a las verdades en general, en la política donde todo es mentira o a las verdades relativas.., me refiero a nuestras propias verdades, esas que ni nosotros queremos ver. Nos pasamos la vida diciendo esto y lo otro, poniendo la mano en el fuego por lo que sentimos y a la vez abriendo grandes vacíos sobre personas, situaciones o sentimientos.
Siempre he creído y así lo vivo, que a la gente hay que quererla en vida y no tenemos que dejarnos nada en el tintero del corazón, pues los vacíos insalvables nos pasan facturas emocionales muy grandes, pero si somos capaces de vivir con ellos, hay que apechugar después.
Dicen que de todo se aprende y así es, y el que no quiere aprender tiene difícil solución...

La cuestión es que se ha muerto mi suegro. Hace ya mucho tiempo que tan sólo mantenía una relación cordial con él por pura educación pero desde luego libre de todo afecto cariñoso.
Y eso va también por mi chico que ahora se siente rabioso por el tema, por que  no lo  está sabiendo gestionar bien y parece ser que le está costando reconocer que su padre no fuera muy querido  y echa de menos la hipocresía de los meapilas... y la hipocresía que yo no soy capaz de tener en estos momentos y lo mejor o peor es que quiere en mi una reacción ilógica de tristeza que él mismo no tiene ni por asomo.

Dice que no he sido respetuosa y nada mas lejos de la realidad..., y mientras no veo una sola mísera lagrima en sus ojos ni en su corazón, sigo sin entender qué pretende de mi, porque puedo ser hipócrita con otros, pero no con él.

No me gusta verle sufrir, pero es que no le veo sufrir (al menos por la perdida). Solo le veo rabioso, seguramente por las causas pendientes, por esas conversaciones que no se atrevió o que no quiso tener.
Rabioso por esa falta de afecto que dejó que irremediablemente se acomodara entre los dos, y que ni antes ni ahora tiene solución.
Y mi chico que siempre ha tenido capacidad para sorprenderme, esta vez lo ha hecho pero no para bien.., le he visto demasiado necesitado de toda la parafernalia de la hipocresía de todas esas personas que ni le importan y a quienes él tampoco les importa, pero que aparecen en estas ocasiones como para rellenar huecos.

Sigo sin entender cómo puede estar tan ciego y seguir aguantando las ñoñerías de su egocéntrica hermana,  mentirosa , aprovechada, manipuladora hasta el extremo y egoísta y que la única pregunta que quiere oír es ¿ quien es la más guapa del reino? y por supuesto el espejito tiene que contestar que ella.
Necesitamos la hipocresía y la dramatización para vivir. No sabemos o no queremos demostrar lo evidente o real, porque seguramente está mal visto.

Pero me pilla muy cansada de dramas innecesarios y prefiero dedicar mis energías a quien quiero.
Sé que la rabia de mi chico es rabia contenida, es la frustración de un desengaño emocional con su padre y que viene de lejos,  y sé que soy su pared con la que darse de cabezazos, otra cosa es que no siempre lo encaje bien, pero lo intento llevar.
Ahora está más tranquilo, no hemos hablado, hubiera estado bien, pero es mejor así...., me he dado cuenta que a mi este tema no me duele como a él y, cuando se está herido, las reacciones son imprevisibles.
Estoy segura de que no lo va a echar de menos y que tiene pocos recuerdos entrañables con él (si tiene alguno), pero quizás esto duele más que perder a alguien querido al que siempre vas a recordar con amor y a echar de menos y que siempre va a estar ahí acompañándote en el corazón.

Los vacíos duelen, los silencios duelen, el no sentir también duele, sobre todo porque nos han enseñado que hay personas que hay que quererlas porque sí, sin mas. Y no es cierto, el amor hay que ganárselo, hay que regarlo, hay que mimarlo, hay quien confunde cosas materiales con amor, y no; el amor es darse uno, estar ahí sin condiciones, sin envidias, sin exigencias y sin gilipolleces.

Las personas que sólo piensan en ellos mismos son vampiros emocionales, llegan a ser anodinos en cuanto a sentimientos  y sobre todo agotadores.
Mi suegro intentó pasar desapercibido emocionalmente y aparentemente solo se mostró humano cuando la madre de mi chico enfermó y no precisamente para sacar sus mejores cualidades, se mostró muy ruin y yo pensaba que no se lo iba a perdonar nunca, posiblemente así haya sido, pues me dolía hasta verle, pero ya no está y no siento nada.
En cambio me duele como mi chico gestiona su no sentir y me harta como vive su drama mi cuñada cuando ha pasado olímpicamente de su padre en vida.
Que complicados somos, que complicado hacemos lo sencillo........, menos mal que tenemos la hipocresía para echarnos una mano y menos mal que la verdad es del color del que cada uno la mira, eso o no vivimos en el mismo espacio y tiempo que los que nos rodean y por eso nuestras verdades e hipocresías son tan diferentes.

jueves, 12 de abril de 2012

La habitacion 508

"Un escritor no desea el camino de la mayoría sino, obstinadamente, sólo su propio camino; no quiere correr con la manada y adaptarse, sino reflejar la naturaleza y el mundo en su alma, experimentándolos con imágenes frescas. No está hecho para la vida en común, sino que es un rey solitario en un mundo de sueños de su propia creación" Hermann Hesse

Oscar ocupa cierto espacio en una habitación de la quinta planta del edificio donde ahora vive. Y no puede salir de allí, ni le gusta estar dentro pero, le sobra espacio, a pesar de todo. Ahora mismo es esto, lo que pasa por su mente:
(para que-para que-elegimos sentir para que-para nada-para sentir el confort de una risa y también la emoción más simple-la de las lágrimas por una canción-pero dejamos pasar un regimiento de añadidos-desagradables-mierda-dolor puro y duro-tristeza en un pozo sin fondo-loca alegría-éxtasis de locura-vacío-miedo-hastío-para que-para nada-para que-para nada-)
En la ventana de la habitación 508, alguien puso alambres de espino retorcido, como en la guerra, cerca de la trinchera (para sentir qué-nada-habrás tú estado en alguna guerra-gilipollas llorón) donde se resguardan los soldados de la metralla. Es un decir. No tiene más púas ni está más retorcido que una espiga de trigo (campo de mierda pura-trigo duro-dolor puro-desiertos de un alma sin vida-alma vacía).
Algún supersticioso dejó de poner el número 508 en la habitación y, caminando por el pasillo de la quinta planta, podemos pasar de la habitación 507 a la 509 sin encontrar su puerta (porque estoy aquí-me tienen como a un loco-yo no estoy loco). Pero la habitación existe (pensarán que lo mismo me tiro por la ventana-yo no haría eso-para eso me tiraría por el hueco de las escaleras de la facultad de farmacia-allí tienen 5 pisos y un fuerte enrejado entre la planta 1 y la de sótano-por si se te cae alguna prenda de la colada-y sería muerte escandalosa segura: "quedó como la carne picada" o "la rejilla hizo de tamiz separando carne y vísceras del esqueleto" o "parecía un bistec a la parrilla"-habiendo muertes tan dulces-para qué más dolor-para qué dar trabajo-llamar la atención para que-para naaaada) y allí está Oscar, como veis, a su (puta) bola, con su mente dando vueltas sin parar. Por este motivo ingresó en la quinta planta del hospital.
La enfermera acaba de entrar con la medicación. Lleva unas cuantas pastillas en una mano (añade que están dentro de sus correspondientes envases, que eso es importante ¿Imaginas? el sudor y las bacterias de todo lo que haya sobado la señorita esta vas tú y hala, pa' dentro que lo que no mata engorda) y un vaso de agua no, porque eso ya está (pero de cartón, pa' que no pueda cortarme) en la mesilla de Óscar. Llama a la puerta y seguidamente corre el pestillo y entra sin esperar respuesta alguna (si, con dos cojones, y si estoy aquí... qué se yo, haciendo algo privado -¿con quien?- con... conmigo mismo, como que no quiero que nadie me vea, por ejemplo, cortándome o arañándome o golpeándome). Da los buenos días, ofrece una sonrisa, pregunta "como estamos hoy" espera a que trague las pastillas (su mirada parece tratar de averiguar algo, pero no sé, siempre me equivoco cuando necesito ayuda -EEEPSS!!- acabas de reconocer que necesitas ayudaaa, majete, ¿qué? ¿noooos vamos convenciendo de que no podemos seguir así?)
-Bueno, estoy así así, me molesta esto, me duele la garganta. - La sonda nasogástrica
-Claro, Oscar, llevas una semana con la sonda. - Oscar retira su mirada y la baja hacia sus brazos. Le gusta ver cómo los tendones se resaltan bajo su piel. Comprueba que sus huesos se marcan en sus rodillas. No quiere alimentarse, le obligan con la sonda.
-Pues me vais a poner peor con esta mierda de sonda. -Se siente como un elefante de hojalata con una trompa de plástico. Como un loco marginal a quien el mundo lleva la contraria como si no tuviera mejor cosa que hacer. Todo le da igual. No valora los cuidados y atenciones creyendo que sólo buscan fastidiarle.
-Bueno, no te agobies, luego pregunto y si se te está irritando la zona quizá haya que ponerte la alimentación parenteral durante un tiempo 
-Jooodeerr
-A ver, ya estás un poquito recuperado y...
-Estoy como una foca entre unas cosas y otras, y no poder mover...
-Ya sabes que gordo no estás (no, claro, tú qué sabrás lo que siento ... -ostias- tiene razón -lo que estoy es como un cencerro-) y a ver si no pones esa cara de malhumor, hombre, ya verás cómo vas mejorando poco a poco. 

Escucha a Encarna, la enfermera. Oscar llegó al hospital por decisión judicial ante la solicitud de su psiquiatra. Tiene ratos en los que escucha, se deja llevar y trata de colaborar. Parece que de pronto se da cuenta de su situación, del dolor que causa a su familia, de lo cansado que está de esta situación y de lo fácil que le parece salir de ella. Pero ya lo ha intentado antes. Abandona su medicación y vuelve a recaer. Así es en ocasiones la anorexia nerviosa, una obsesión compulsiva que se apodera de la mente y destruye el cuerpo. Una  guerra civil que solo termina cuando la mente mata al cuerpo y caen ambos, pero que en ocasiones disfruta de treguas más o menos prolongadas, sobre las que se proyecta permanentemente la sombría y estilizada figura del trastorno.