domingo, 14 de septiembre de 2008

Cuando sea un hombre mayor (negarse a envejecer)

When I grow old.
"Siempre hay un momento específico en el que nos damos cuenta de que nuestra juventud se ha ido; pero, años después, sabemos que fue mucho más tarde." Mignon McLaughlin
Mirada interior - Foto de Nelly Harraca
Cuando sea un viejo suena mal.
Cuando tenga más edad y haya superado mis problemas, seré un hombre con la sonrisa casi siempre dispuesta, que disfruta de cada momento. Tendré aspecto moderno en el vestir, sin estridencias, con la ayuda de mi esposa, seguramente. Cuando salga a dar un paseo con alguien, sabré si de verdad me apetece tomar un pincho o no y la decisión no será para agradar a los demás, tanto si les molesta como si no. Y si salimos a comer a un restaurante, sabré qué plato me atrevo a pedir y puede que me arriesgue a probar uno nuevo, y no dejaré de pedir un postre aunque el camarero tenga prisa, porque me encantan los dulces y me tomaré el tiempo que haga falta.

Cuando tenga más años, tantos que se confundirán las arrugas de la vejez con las de la expresión alegre y amable, podrá suceder que mi hija tenga más fuerza que yo para abrazarla, pero mientras tanto, tengo que aprovechar para estrujarla yo a ella. Y mi compañera seguirá recibiendo mil besos acompañados de comentarios positivos, ¡aunque se nos enganchen las dentaduras postizas!. Pero eso será muchísimos años más tarde, tantos que no quiero ni pensarlo. De hecho, no sé porqué tengo que pensarlo.

Y cuando sea un hombre mayor, y camine por la calle, no llevaré la mirada en el suelo, porque alrededor hay demasiadas cosas bellas aunque otras no lo sean tanto. Y puede que ocasionalmente me entretenga viendo cómo trabajan los obreros con sus máquinas, como hacen tantos hombres mayores, pero prefiero creer que habrá mejores cosas que hacer.

Cuando pase el tiempo suficiente, quizá mi niña tenga familia y podré cuidar de sus hijos y jugar con ellos también aunque se me descoyunte la rodilla, porque los niños son lo mejor y su felicidad y alegría no tienen precio.

Podrá suceder que me anime a viajar, acompañado, porque dejando atrás mis manías y temores, podré alejarme de la soledad y dejar muy, muy atrás el dolor y el pasado, mirando de cara a la vida y a los demás. Para entonces, habré llenado mis vacíos con todo lo que me falta ahora por aprender y podré mirar dentro de mí sin miedo y fuera, en el espejo, sin asco, sin más remedio que el de la risa.

Porque cuando sea un hombre mayor y no tenga que luchar conmigo mismo, mi vieja voz se escuchará por encima de un recuerdo callado. Porque quisiera que esos días llegaran anticipadamente y sin esfuerzo para ser ya tan joven como esa persona tan mayor. Y aunque me despierte más cansado que ahora, tendré una ilusión desbordante por levantarme y ver la luz del sol. Y si todavía tengo pelo para peinar estará bien y si no también. Y todas las mañanas tomaré mi pastilla para el tiroides, porque no entendí al médico cuando decía “para toda la vida” y esperaba en mí una reacción. Y no le entendí porque se equivocó cuando debió decir, con una cara amable de esperanza “para que estés mejor el resto de esa vida tan feliz que te espera”.

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